Soy yo Altazor el doble de mí mismo. El que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente. El que cayó de las alturas de su estrella y viajó veinticinco años colgado al paracaídas de sus propios prejuicios
Altazor (Fragmento) – Vicente Huidobro
Noemie Goudal representa un hallazgo maravilloso dentro de nuestros itinerarios oníricos.
Llegamos a sus «Observatoires» como se llega por primera vez a un territorio desconocido. Ese que sólo hemos logrado intuir en sueños.
No sabemos muy bien si se trata de lugares o simplemente «cosas» deseadas. Secretas y distantes. Imposibles…
Observar estos hallazgos es, de alguna forma, asistir a un recorrido por geografías que alguna vez añoramos pero dejamos arrumadas en el estéril sueño de lo real.
La fantasía es lo único que nos queda. Lo poco que nos salva de ser engullidos por el torpe vacío de lo cotidiano.
Los «Observatoires» de Noemie Goudal parecen un llamado, una invitación para jugar a ser otros. Para empezar de cero. Para imaginar, tal vez, que somos nosotros los extraños héroes de alguna fantasía urbana post-apocalíptica y distópica o los trágicos herederos de una de las pesadillas de Shakesperare.
NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Jorge Luis Borges – La casa de Asterión
Los «stepwells» son “abismos” escalonados; pisos subterráneos llenos de columnas de piedra ornamentada y esculturas que, por momentos, parecen esconderse entre las sombras de un pasado glorioso (remoto e inalcanzable).
En la India tienen muchos nombres, «Vav» y «Baoli» son algunos de ellos. Sin embargo, estas «Casas de Asterión» son conocidas en occidente como «Stepwells» (cuya traducción equivaldría a “Pozo escalonado”).
El propósito de un “stepwell” es simple: proporcionar agua 24/7 durante todo el año.
En la India existen algunas zonas bastante secas, razón por la cual (hace aproximadamente 6 o 7 siglos) el acceso a las aguas subterráneas implicaba cavar hoyos de hasta nueve pisos de profundidad; y la única manera de llegar al agua enterrada era a través de largos pasillos escalonados.
En la actualidad, cuando las lluvias monzónicas finalmente llegan, luego de semanas o meses de prolongadas esperas, el nivel freático se eleva significativamente y muchos de los escalones – si no todos – se sumergen, revelándose gradualmente una vez que el nivel del agua ha disminuido.
Recientemente, el “stepwell” más grandioso de todos – Rani ki Vav en Patan, Gujarat – fue declarado «Patrimonio de la Humanidad» por la UNESCO luego de muchos años en «lista de espera».
Victoria Lautman (periodista y miembro del «Comité para los Derechos Humanos» en Chicago) fue la persona encargada de realizar este magnífico e impresionante documento gráfico en un viaje alucinantemente hermoso.
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Con tal arte fue construida Andria, que cada una de sus calles corre siguiendo la órbita de un planeta y los edificios y los lugares de la vida en común repiten el orden de las constelaciones y las posiciones de los astros
Las ciudades invisibles – Italo Calvino
En el puerto de Ashkelon es ya imposible ver cualquier cosa.
Los viejos, incapaces de recordar que alguna vez estuvieron aquí sólo de paso, no hacen más que confundir el desierto nubio con las llanuras imposibles de Kamchatka. Los farallones helados de los vikings con las costas vírgenes, más allá del cabo de Hornos.
Los locales (esos que alguna vez fueron caminantes y marinos, y que hicieron ya de éste su hogar definitivo) han recopilado un volumen de tamaño considerable -que no hace más que aumentar con el paso de los años- en el que se detallan geografías imposibles y fronteras equivocadas…
El viajero que llega a Ashkelon ha navegado ya las aguas del río sagrado del Indo…
El que viene a Ashkelon ha despertado ya -alguna vez tras un sueño intranquilo- en las tiendas móviles de los nómadas del Bután, incluso si nunca ha escuchado mencionar siquiera semejantes nombres…
El viajero que llega a Ashkelon ha estado aquí antes. Y volverá también cuando nunca la haya abandonado…
Cristoforo Canozi da Lendinara – “Veduta Urbana con Ponte” – VíaCristoforo Canozi da Lendinara – “Edificio Porticato” – VíaCristoforo Canozi da Lendinara – “Edificio Porticato” – VíaLuigi Ravelli (1776-1858) – VíaMantoue, Palazzo Ducale, Corte Vecchia – Antonio y Paolo Mola – Vía“Città ideale di berlino” Atribuída a Francesco Di Giorgio – Vía“Città ideale” – Atribuída a Fra Carnevale – Vía“Città ideale di urbino” – Atribuída a Piero Della Francesca – Vía
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Conoces el nombre que te dieron, no conoces el nombre que tienes
Libro de las Evidencias – (Epígrafe de Todos los Nombres – José Saramago)
No siempre lo que vemos es todo lo que hay.
Perdemos muchas cosas, las dejamos pasar simplemente porque están ahí, a la vista; al alcance de una mirada.
Pero lo que hay está realmente mucho más allá de un mero vistazo. Hay que saber ver, o por lo menos, hay que saber buscar.
Giorgio Stefanoni, fotógrafo y diseñador milanés, logra encontrar con su lente la mirada que nos hace falta para ver realmente las cosas que dejamos acumular detrás del simple vistazo cotidiano. Por eso mismo su trabajo más reciente lleva por nombre «Unknown Geometries». Geometrías, patrones, sombras y arquitecturas desconocidas no por extrañas, sino porque se han vuelto una con el paisaje y la rutina.
Puedes visitar el sitio web de Giorgio Stefanoni AQUÍ
También puedes seguirlo en sus redes sociales: Behance
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El papel del arquitecto será luchar por un mundo mejor, donde pueda hacer una arquitectura que sirva a todos y no sólo a un grupo de hombres privilegiados.
Oscar Niemeyer
Pensar el espacio nunca ha sido tan relevante como ahora. El hogar, el trabajo, la recreación y la espiritualidad; todos los rituales de la vida, todos nuestros movimientos cifrados en un contexto espacial. Amamos, vivimos, comemos y trabajamos en espacios; protegidos, resguardados de lo irremediablemente salvaje que puede resultar a veces la vida rutinaria y cotidiana del afuera.
Vivimos en contextos irremediablemente urbanos; metrópolis enormes, masas de concreto y autopistas tan grandes como los embotellamientos que generan. Mucho ruido y demasiada soledad como para no desear, así sea por un momento, hacerse a un lado y contemplar la vida en todo el esplendor de su simplicidad.
La llamada “Arquitectura orgánica” no es una moda ligera; desde hace varias décadas algunos arquitectos y deseñadores han planteado su recelo frente a lo que parece ser un futuro inevitable derivado de la sobrepoblación y las grandes concentraciones urbanas. Las visiones distópicas del futuro retratadas en Metrópolis (Fritz Lang), 1984 (Michael Radford), Blade Runner (Ridley Scott), Dark City (Alex Proyas) o El quinto elemento (Luc Besson) simulan pesadillas arquitectónicas (aunque esto tiene también su propio encanto) donde el factor humano parece más una ruina, un despojo destinado a sobrevivir en madrigueras verticales.
Uno puede observar fácilmente cómo se manifiesta la oposición entre la línea recta (tan propicia a la burocracia, a la industria y a los grandes centros de comercio) en contraposición a la curva (utopía de un ideal estético más cercano al origen, a la simple y delicada belleza de lo natural).
Los espacios que el arquitecto mexicano Javier Senosiaín crea están pensados para adaptarse al factor humano. Además, según su sitio web, los diseños tienen su origen en lo natural. Espacios semejantes al claustro materno, a los refugios animales, a todos los espacios acogedores, cóncavos y curvilíneos como los brazos maternos.
Al mirar de cerca sus diseños, uno se encuentra con espacios continuos, amplios, lugares que no desentonan con la topografía sino que funden con ella. En estas edificaciones todo parece fluir.
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La creatividad arquitectónica no está atada única y exclusivamente a la manera de diseñar o mantener en pie gigantescas moles de concreto. Se diría que es mucho más difícil lograr que la tierra no se venga encima cuando se trata con colosos subterráneos.
Algunos legados de la arquitectura de la guerra fría sobreviven todavía al paso del tiempo bajo vastos túneles desiertos donde, en otros momentos, se vivieron frenéticamente constantes olas de tensión y a veces terror. Ser los primeros en golpear, o simple y llanamente, ser devastados por misiles imaginarios y otros artilugios explosivos muchísimo más reales.
Sin embargo, no todo son explosiones, días del juicio y paranoia comunista-capitalista. Algunos túneles y construcciones subterráneas tienen aún (o tuvieron) usos mucho más prácticos. Sistemas de alcantarillado, líneas olvidadas del metro, entre otras maravillas underground que salen a la luz gracias a unos cuantos aventureros, entusiastas de la exploración urbana.
El viaje comienza en Cluj, Rumania. Las siguientes fotografías fueron tomadas por el fotógrafo Marius R. en las minas de sal (clausuradas) de Turda.
Algunas de estas galerías subterráneas son tan grandes, que el autor de las fotografías dice: «Puedes jugar fútbol ahí. Para entrar, es necesario viajar en bus».
A 10 kilómetros de Sebastopol, en la costa del Mar Negro, se encuentra el pueblo de Balaklava. Durante la guerra fría, este pueblo costero fue utilizado por las autoridades soviéticas como un enclave submarino ultrasecreto, el cual fue incluso borrado del mapa de la Unión Soviética.
Tan secreto era, que hasta los familiares de los hombres que trabajaban allí requerían permisos especiales para ingresar.
Luego del colapso de la Unión Soviética, la base continuó en operaciones hasta 1993, año en el que fueron retiradas del lugar las últimas ojivas nucleares. El último submarino abandonó el lugar en 1996.
En la actualidad, la base está abierta a los turistas. Tal vez ya no encuentre uno nada que pueda ocasionar un holocausto nuclear, pero también es probable que se haya quedado rezagado uno que otro «secretito» (sólo para casos de emergencia).
Construido a 126 metros bajo tierra, el Proyecto 825 (como fue llamado) también servía como refugio para cerca de 3000 personas en caso de un holocausto nuclear.
La base podía albergar hasta nueve submarinos nucleares al mismo tiempo.
La longitud del túnel subterráneo es de medio kilómetro, y la profundidad del agua es de 9 metros.
No sólo se pueden encontrar vastas salas subterráneas abandonadas en la vieja Europa (detrás de la cortina de hierro). Estados Unidos también alberga lugares similares, probablemente por razones diferentes.
El sitio web de la Oficina de Transporte de la ciudad de Cincinatti documenta este proyecto de transporte masivo subterráneo sin terminar, que fue construido entre 1920 y 1925, y consta de más de siete kilómetros de túneles, puentes y estaciones que (al final) fueron puestos a un lado en la mesa de prioridades.
Es probable que todo haya sido una especie de prólogo inevitable a la «Gran depresión» del 29, aunque sólo se trata de especulaciones.
Imagen propiedad de “Oficina de Transporte de Cincinatti”
Todavía existen tres estaciones del metro subterráneo, pero las estructuras de acceso fueron demolidas en su mayoría, dejando sólo unos cuantos puntos visibles en medio de un enorme territorio subterráneo.
Aquí, uno de estos puntos de entrada que aún sobreviven:
Un sistema de túneles similar (construido en los años 70) corre por debajo del centro de la ciudad de Calgary, en Canadá. La línea subterránea del metro estaba destinada a correr bajo tierra, pero los planes fueron archivados por razones financieras.
Sin embargo, todavía existen algunos puntos de entrada para acceder a estos túneles. Lugares suficientemente amplios como para «suavizar» el tráfico en las horas pico.
Sistema de alcantarillado de Tokio (Japón)
Una creación del Instituto Japonés de Ingeniería y Tecnología para el Agua Residual (JIWET, por sus siglas en inglés) estas instalaciones, casi tomadas de la ciencia ficción, consta de «una red de silos de contención (en concreto) de 65 metros de profundidad, conectados por 64 kilómetros de túneles (de 50 metros de profundidad). Todo el sistema es alimentado por 14.000 turbinas de potencia que pueden bombear 200 toneladas de agua por segundo en un río cercano «.
Sistema de alcantarillado de TokioSistema de alcantarillado de TokioSistema de alcantarillado de TokioSistema de alcantarillado de TokioSistema de alcantarillado de TokioSistema de alcantarillado de TokioSistema de alcantarillado de TokioSistema de alcantarillado de TokioSistema de alcantarillado de Tokio
#creemosenelasombro
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