Una experiencia hecha de siete soledades. Oídos nuevas para una música nueva. Ojos nuevos para lo más lejano. Una conciencia nueva para verdades que hasta ahora han permanecido mudas.
F. Nietzsche
No deja de ser importante pensar el asombro.
Hacer la pregunta frente a los mecanismos por los cuales, por momentos, podemos trascender la banalidad (la rutina) y acceder a esa forma de la «divinidad» a la cual llamamos arte.
Dave Hickey es un destacado crítico de arte estodounidense de quien, recientemente, leímos algunas declaraciones que inicialmente rechazamos. Sin embargo, más tarde y luego de un lectura más minuciosa, alcanzamos a comprender y también a compartir.
En la entrevista (realizada en el 2012 por el DailyMail) Dave Hickey expone algunos planteamientos cuyo «riesgo subliminal» podría consiste en reforzar algunos de los prejuicios más extendidos popularmente en contra de las producciones creativas de la escena contemporánea. Prejuicios que podrían resumirse bien en algunas declaraciones tan comunes como “el arte contemporáneo no es arte”, o “el mal llamado arte contemporáneo no es más que una pose”, o también “¿eso es arte? Mi sobrino de 6 años podría hacerlo mejor”. Incluso “¿Quién podría pagar tanto dinero por semejante adefesio?”.
Sin embargo, Hickey mismo admite hasta cierto punto un grado de responsabilidad en el origen de esta clase de percepciones: “Editores y críticos de arte – gente como yo – nos hemos convertido en una suerte de cortesanos”.
Cortesanos que, según su criterio, han jugado por muchos años a convertirse en jueces y verdugos al momento de admitir “la grandeza”, la relevancia o la validez (sobre todo esa palabra) de alguna producción creativa dentro del mundo de las artes plásticas.
Y es en este punto en el que dejamos al crítico y comenzamos entonces a preguntarnos. A inquietarnos nosotros mismos por la verdadera noción de lo que entendemos como la “ética de la crítica estética”.
El artista es también todos los hombres, y la obra de arte un grito de rebeldía
Sobre todo por el descrédito mismo en el que han caído tanto la crítica como el arte mismo. Un descrédito académico y popular. Un descreimiento en lo que, por mucho tiempo, ha terminado por ser visto como un ejercicio esnob. Un placer burgués incomprensible; elevado por la gracia del lenguaje a las alturas olímpicas; radicalmente separado de la banal superficie que habitamos los simples mortales.
Sin embargo, tenemos que plantear algunas líneas rojas; analizar, diseccionar aspectos, separar conceptos y distinguir claramente las diferencias. Tenemos que comprender y sobreponer la creación artística a los efectos que se producen a su alrededor. Entender que el arte como fenómeno no es lo mismo que “el mundo del arte” como accidente. Que un artista no es un ser excéntrico, pretencioso ni mucho menos un esnob disociado, y que la crítica de arte es un esfuerzo valioso, no supeditado necesariamente a los dictámenes de la comercialización, venta, o subasta de obras.
Así, nuestra inquietud consiste más que nada en plantear estas líneas, una suerte de derrotero para entender y ejercer la crítica de arte como manifestación de una búsqueda y una inquietud que iremos planteando en una serie de artículos para no convertir éste en un ejercicio tedioso.
Estas son la raíz de nuestras inquietudes… Este es nuestro esfuerzo comprensivo:
1) La crítica de arte tendría que ser también una búsqueda de sentido.
2) La crítica de arte tendría que proponerse como “una ética de lo estético”.
3) La crítica de arte tendría que ser también una “pedagogía del arte”.
4) La crítica de arte no podría ser entendida como fuente autorizada en la asignación de valores y montos económicos frente a la obra de arte.
5) La crítica de arte no puede entenderse a sí misma como una pretensión de verdad, sino como un esfuerzo, un ejercicio de honestidad intelectual frente al sentido de la obra de arte.
6) A la crítica, tanto como al artista, les corresponde un “campo de anonimato” que no tiene ninguna relación con el presente (ni con el futuro) sino con el sentido.
1) La crítica de arte tendría que ser, también, una búsqueda de sentido.
Tal vez de manera un tanto escueta y también para no extender demasiado un asunto que, si bien resulta apasionante y absolutamente necesario no podemos abordar completamente en un artículo, tendríamos que delimitar también la noción del arte dentro un definición simple: El arte como fuente de sentido. O mejor, la obra de arte como el interrogante de un hombre (un artista) por su destino -por su propia razón de ser- que se traduce necesariamente en la pregunta de toda una civilización, de toda el componente de humanidad que nos toca, acerca de nuestro propio sentido.
Así, el artista es también todos los hombres, y la obra de arte un grito de rebeldía; la manifestación tangible de un artista contra el azar y la angustia de saber que vive para la muerte. Un ser y una vida que -como la de cualquiera de nosotros- si bien parecen innecesarios, absurdos o irrelevantes, están ahí. Una vida que subsiste en su propio accidente y nulidad. Que persiste en su inquietud elemental: “¿Para qué?”
La certeza de la muerte nos entrega en los brazos del arte como paliativo, pero también como rebelión.
Si la obra de arte se resiste a la nulidad y el artista mismo resiste contra la “irrelevancia” del destino humano. ¿Por qué el crítico de arte no habría de hacer también lo mismo?
La crítica de arte tendría que ser también una forma de resistir la insignificancia de una vida condenada a ser un accidente innecesario, y el crítico de arte tendría que ser también un nómada del sentido… Pero no un mercader del “valor” monetario de la obra de arte. No un cortesano del establecimiento mercantil de subastas e inversiones. No un consejero cuya opinión autorizada impulse o destruya carreras.
La crítica del arte tendría que servir como inquietud, y no como certeza. Como fuente que inspire una búsqueda en relación con una obra de arte que es al mismo tiempo un signo que no puede ser completamente aprehendido ni radicalmente diseccionado. La crítica tiene que ejercer como indagación y al mismo tiempo tiene que arriesgar sentidos. Decantarse hacia una comprensión del objeto de arte y no simplemente hacia su enumeración o valorización. Abrir las puertas a la duda y la inquietud y provocarlas en su auditorio, no importa si es minúsculo, futuro o imaginario.
La crítica de arte tendría que tender un puente. Servir como interlocutor entre la obra y el espectador. Y así mismo, impulsar al espectador a arriesgar un sentido en el que él mismo está reflejado. Sobre todo porque comprender una obra no es apropiarla, ni agotarla en una sola tirada de dados que definan de una vez y para siempre un sentido absoluto y unívoco. Cada hombre ejerce una mirada, y de su mirada (que es también él mismo poniéndose en juego al mirar) se desprende una inquietud que la obra le devuelve como un espejo: Indagar por su sentido implica también indagar por todos los sentidos. Por el suyo propio, como espectador. Por sus semejantes. Por el mundo en el que vive. Por sus relaciones, sus certezas, sus dudas o su manera de amar.
El arte resiste a las “verdades” porque abraza con fuerza la hermosa -la frágil- ridiculez de la vida…
La innecesariedad del arte corresponde a la falta de necesidad de la vida… Pero ¿quién quiere vivir sin arte, sin música, sin teatro, sin cine o sin literatura? Lo que hace urgente al arte radica en su absoluta “inutilidad biológica” -por así decirlo-. La certeza de la muerte nos entrega en los brazos del arte como paliativo, pero también como rebelión.
La certeza de la muerte nos devuelve el arte como fuerza y amplificación de la vida en todo lo que tiene de bella, pero también en todo aquello que la hace horrorosa.
Contrario a la religión, el arte no quiere esperanza.
En el paraíso -donde todo está dicho- no cabe la obra de arte.
No hay lugar en el cielo de las certezas y las verdades para la maquinaria de guerra de la duda, para la rebeldía de los incompletos.
El arte resiste a las “verdades” porque abraza con fuerza la hermosa -la frágil- ridiculez de la vida…
La crítica tendría que ser una manera de desestratificar todo lo que hay de industria y profit en el submundo del arte. Replicar lo que hay allí como fuerza y amplificación de la vida.
La crítica de arte tendría más bien que poner en juego la inquietud por la obra como signo y pregunta. Como espejo de nuestros dramas. Como invitación. Como riesgo. Como pasión y como encuentro. Todo lo contrario a la mercantilización del arte como subasta, inversión y pauperización del signo y caricaturización de su denuncia.
NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir.
Sigmund Freud
NOTA: Esta entrevista a Sigmund Freud, fue concedida en el año 1926 al periodista George Sylvester Viereck. A pesar de que se creía perdida, fue publicada en el volumen de “Psychoanalysis and the Fut” (New York en 1957). La traducción es de Miguel Ángel Arce.
“Revista Bifrontal” la reproduce con fines netamente informativos. De igual manera, acompañamos el texto con las ilustraciones de algunos artistas quienes realizaron magníficas piezas cuyo tema central es el mismo Sigmund Freud.
S. Freud: Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad.
Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma.
El escenario de nuestra conversación fue en su casa de verano en Semmering, una montaña de los Alpes austríacos.
Yo había visto el país del psicoanálisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez del sabio.
Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable -como siempre- pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él.
S. Freud: Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornándonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos.
(Freud se rehusa a admitir que el destino le reserva algo especial).
S. Freud: ¿Por qué (dice calmadamente) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas en compañía de mi mujer, mis hijos, el calor del sol.
Observé las plantas que crecen en primavera.
De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?
De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?
George Sylvester Viereck: El señor tiene ya una cierta fama. Su obra prima influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por su causa. Recientemente, en el septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.
S. Freud: Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mí o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia.
George Sylvester Viereck: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?
S. Freud: Absolutamente nada. Es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra prácticamente liquidó mis posesiones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.
(Estabamos subiendo y descendiendo una pequeña elevación de tierra en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía).
S. Freud: Estoy mucho más interesado en este capullo de lo que me pueda acontecer después de estar muerto.
George Sylvester Viereck: ¿Entonces, usted es, al final, un profundo pesimista?
S. Freud: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.
Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará.
S. Freud: Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviéndose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas -para usar la expresión de Nietzsche- nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria?. No habría vínculo entre el pasado y el futuro.
Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.
George Sylvester Viereck: Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. Él encuentra que el hombre puede prolongar la vida si así lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. Él cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.
S. Freud: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, consciente o inconscientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro de nosotros. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: “Más allá del principio del placer”. En el comienzo del psicoanálisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir”. El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.
George Sylvester Viereck: Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría lógicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.
S. Freud: La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.
(Estaba haciendo frío en el jardín. Continuamos la conversación en el gabinete. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con la caligrafía clara de Freud).
En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista, como usted puede ver…
En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista, como usted puede ver…
George Sylvester Viereck: ¿En qué está trabajando el señor Freud?
S. Freud: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla.
George Sylvester Viereck: ¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?
S. Freud: Algunos de mis mejores discípulos son legos.
George Sylvester Viereck: ¿El Señor Freud está practicando mucho psicoanálisis?
S. Freud: Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista, como usted puede ver …
(En ese momento apareció la señorita Anna Freud, acompañada por su paciente, un muchacho de once años y facciones inconfundiblemente anglosajonas)
George Sylvester Viereck: ¿Usted ya se analizó a sí mismo?
S. Freud: Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como el chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos con los que lo han cargados.
George Sylvester Viereck: Mi impresión es que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. “Tout comprendre c’est tout pardonner“.
El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar.
El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar.
S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiendo la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento.
(Comprendí súbitamente por qué Freud había litigado con sus seguidores que lo habían abandonado, por qué él no perdona disentir del recto camino de la ortodoxia psicoanalítica. Su sentido de lo que es recto es herencia de sus ancestros. Una herencia de la que él se enorgullece como se enorgullece de su raza).
S. Freud: Mi lengua es el alemán. Mi cultura -mi realización- es alemana. Yo me consideré un intelectual alemán hasta que percibí el crecimiento del preconcepto antisemita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío.
(Quedé algo desconcertado con esta observación. Me parecía que el espíritu de Freud debería vivir en las alturas más allá de cualquier preconcepto de razas, que él debería ser inmune a cualquier rencor personal. Pero debido precisamente a su indignación, a su honesta ira, se volvía más atrayente como ser humano. ¡Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)
George Sylvester Viereck: ¡Me pone contento, Herr Profesor, que también el señor tenga sus complejos! ¡que el señor Freud demuestre que es, también, un mortal!.
S. Freud: Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.
George Sylvester Viereck: Imagino, observo, ¡cuáles serían mis complejos!
S. Freud: Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida a la “caza de los leones”. Usted buscó siempre a las personas más destacadas de su generación: Roosevelt, El Emperador, Hindenburgh, Briand, Foch, Joffre, George Bernard Shaw….
George Sylvester Viereck: Es parte de mi trabajo.
S. Freud: Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre.
(Negué vehementemente la afirmación de Freud. Mientras tanto, reflexionando sobre eso, me parece que puede haber una verdad, no sospechada por mí, en su sugestión casual. Puede ser lo mismo que el impulso que me llevó a él).
El salvaje, como el animal, es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad
George Sylvester Viereck: Me gustaría -observé después de un momento- poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez, como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aún cuando no confío en estar muy informado sobre el psicoanálisis, frecuentemente anticiparía o tentaría anticipar sus intenciones.
S. Freud: La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.
(En este punto el maestro del psicoanálisis difiere bastante de sus seguidores, que no gustan mucho de la seguridad del paciente que tienen bajo su supervisión).
George Sylvester Viereck: A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.
S. Freud: ¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.
George Sylvester Viereck: ¿Por qué?
S. Freud: Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego, que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal, es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho más agradables son las emociones simples y directas de un perro, al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (añadió Freud pensativamente) nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconscientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.
George Sylvester Viereck: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ájax.
S. Freud: (sonriendo) Me alegra saber que no puede leer. ¡Él sería, ciertamente, el miembro menos querido de la casa si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!
Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir”
Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir”
George Sylvester Viereck: Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás. En tanto me parece que el señor sea en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis no sabíamos que nuestra personalidad era dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.
S. Freud: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente.
George Sylvester Viereck: Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue más compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.
S. Freud: El psicoanálisis, por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.
George Sylvester Viereck: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.
S. Freud: La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.
George Sylvester Viereck: La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos: la teoría del “desplazamiento”, de la “sexualidad infantil”, de los “simbolismos de los sueños”, etc.- parecen permanentes.
S. Freud: Yo repito, pues, que estamos apenas en el inicio. Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.
Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización.
Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización.
George Sylvester Viereck: ¿Usted siempre pone el énfasis sobre todo en el sexo?
S. Freud: Respondo con las palabras de su propio poeta, Walt Whitman: “Más todo faltaría si faltase el sexo” (Yet all were lacking, if sex were lacking). Mientras tanto, ya le expliqué que ahora pongo el énfasis casi igual en aquello que está “más allá” del placer -la muerte, la negociación de la vida-. ¡Este deseo explica por qué algunos hombres aman al dolor como un paso para el aniquilamiento! Explica por qué los poetas agradecen a «los dioses»:
From too much love of living from hope and fear set free, we thank with brief thanksgiving whatever gods may be that no life lives for ever; that dead men rise up never; that even the weariest river winds somewhere safe to sea*
Por excesivo amor a la vida, por la esperanza y el temor liberados, brevemente agradecemos a los dioses, sin importar quiénes sean, que la vida no sea eterna, que nunca los muertos se levanten, que hasta el río más perezoso llegue en sus giros al reposo del mar.
*»The garden of Proserpine» – Poema de Algernon Charles Swinburne
George Sylvester Viereck: Shaw, como usted, no desea vivir para siempre, pero a diferencia de usted, él considera al sexo carente de interés.
S. Freud: (Sonriendo) Shaw no comprende el sexo. Él no tiene ni la más remota concepción del amor. No hay un verdadero caso amoroso en ninguna de sus piezas. Él hace humoradas del amor de Julio César -tal vez la mayor pasión de la historia-. Deliberadamente, tal vez maliciosamente, despoja a Cleopatra de toda grandeza, relegándola a una simple e insignificante muchacha. La razón para la extraña actitud de Shaw frente al amor, por su negación del móvil de todas las cosas humanas que emanan de sus piezas, el clamor universal, a pesar de su enorme alcance intelectual, es inherente a su psicología. En uno de sus prefacios, él mismo enfatiza el rasgo ascético de su temperamento. Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización. La humanidad, en una especie de autodefensa, procura su propia importancia. Si usted raspa a un ruso, dice el proverbio, aparece el tártaro sobre la piel. Analice cualquier emoción humana, no importa cuán distante esté de la esfera de la sexualidad, usted encontrará ese impulso primordial al cual la propia vida debe su perpetuidad.
George Sylvester Viereck: Usted, sin duda, fue bien seguido al transmitir ese punto de vista a los escritores modernos. El psicoanálisis dio nuevas intensidades a la literatura.
S. Freud: También recibí mucho de la literatura y la filosofía. Nietzsche fue uno de los primeros psicoanalistas. Es sorprendente ver hasta qué punto su intuición preanuncia las novedades descubiertas. Ninguno se percató más profundamente de los motivos duales de la conducta humana, y de la insistencia del principio del placer en predominar indefinidamente que él. En Zaratustra dice: “El dolor grita: ¡Va! Pero el placer quiere eternidad Pura, profundamente eternidad”. El psicoanálisis puede ser menos discutido en Austria y en Alemania que en los Estados Unidos, su influencia en la literatura es, por lo tanto, inmensa. Thomas Mann y Hugo Von Hofmannsthak mucho nos deben a nosotros. Schnitzler recorre un sendero que es, en gran medida, paralela a mi propio desarrollo. El expresa poéticamente lo que yo intento comunicar científicamente. Pero el Dr. Schnitzle no es sólo un poeta, es también un científico.
George Sylvester Viereck: Usted no sólo es un científico, también es un poeta. La literatura americana está impregnada de psicoanálisis. Hupert Hughes, Harvrey O’Higgins y otros, son sus intérpretes. Es casi imposible abrir una nueva novela sin encontrar alguna referencia al psicoanálisis. Entre los dramaturgos Eugene O’Neill y Sydney Howard tienen una gran deuda con usted. “The Silver Cord” por ejemplo, es simplemente una dramatización del complejo de Edipo.
Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir
Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir
S. Freud: Yo sé y entiendo el cumplido que hay en esa afirmación. Pero, tengo cierta desconfianza de mi popularidad en los Estados Unidos. El interés americano por el psicoanálisis no se profundiza. La popularización lo lleva a la aceptación sin que se lo estudie seriamente. Las personas apenas repiten las frases que aprenden en el teatro o en las revistas. Creen comprender algo del psicoanálisis porque juegan con su argot. Yo prefiero la ocupación intensa con el psicoanálisis, tal como ocurre en los centros europeos, aunque Estados Unidos fue el primer país en reconocerme oficialmente.
La «Clark University» me concedió un diploma honorario cuando yo siempre fui ignorado en Europa. Mientras tanto, Estados Unidos hace pocas contribuciones originales al psicoanálisis.
Los americanos son jugadores inteligentes, raramente pensadores creativos. Los médicos en los Estados Unidos, y ocasionalmente también en Europa, tratan de monopolizar para sí al psicoanálisis. Pero sería un peligro para el psicoanálisis dejarlo exclusivamente en manos de los médicos, pues una formación estrictamente médica es, con frecuencia, un impedimento para el psicoanálisis. Es siempre un impedimento cuando ciertas concepciones científicas tradicionales están arraigadas en el cerebro.
…
¡Freud tiene que decir la verdad a cualquier precio!. El no puede obligarse a sí mismo a agradar a Estados Unidos -donde están la mayoría de sus seguidores-.
A pesar de su rudeza, Freud es la urbanidad en persona. Él oye pacientemente cada intervención, procurando nunca intimidar al entrevistador. ¡Raro es el visitante que se aleja de su presencia sin un presente, alguna señal de hospitalidad!
Había oscurecido. Era tiempo de tomar el tren de vuelta a la ciudad que una vez cobijara el esplendor imperial de los Habsburgos. Acompañado de su esposa y de su hija, Freud desciende los escalones que lo alejan de su refugio en la montaña a la calle para verme partir. Me pareció verlo cansado y triste al darme el adiós.
“No me haga parecer un pesimista”, dice Freud después de un apretón de manos. «Yo no tengo desprecio por el mundo»
“No me haga parecer un pesimista”, dice Freud después de un apretón de manos. «Yo no tengo desprecio por el mundo».
George Sylvester Viereck: Expresar desdén por el mundo es apenas otra forma de cortejarlo, de ganar audiencia y aplauso.
S. Freud: ¡No, yo no soy un pesimista, en tanto tenga a mis hijos, mi mujer y mis flores! No soy infeliz, al menos no más infeliz que otros.
…
El silbato de mi tren sonó en la noche. El automóvil me condujo rápidamente hacia la estación. Apenas logré ver, ligeramente encorvado, la cabeza grisácea de Sigmund Freud desapareciendo en la distancia…
#creemosenelasombro
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NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
Cuando miras al abismo, el abismo también te mira a ti.
Friedrich Nietzsche
LEOPOLDO MARÍA PANERO
Comenzamos este breve tour por el «abismo» dándole un lugar de honor a Leopoldo María Panero. Poeta, narrador y ensayista español, nació en Madrid en 1948, y murió en Las Palmas de Gran Canaria en el año 2014.
Conoció la prisión y el encierro por defender sus convicciones durante la dictadura franquista en España.
Su vida fue una grieta constante… Acechado por el alcoholismo, la depresión y varios intentos de suicidio antes de cumplir los veintiún años.
La esquizofrenia lo mantuvo internado -por voluntad propia- en varios pabellones psiquiátricos, donde conservó -intacta- su pasión por la literatura.
Sólo la nieve sabela grandeza del lobo la grandeza de Satán vencedor de la piedra desnuda de la piedra desnuda que amenaza al hombre y que invoca en vano a Satán señor del verso, de ese agujero en la página por donde la realidad cae como agua muerta.
Sólo la nieve sabela grandeza del lobo la grandeza de Satán vencedor de la piedra desnuda de la piedra desnuda que amenaza al hombre y que invoca en vano a Satán señor del verso, de ese agujero en la página por donde la realidad cae como agua muerta.
Leopoldo María Panero
JAQUES RIGAUT
Jaques Rigaut -podría decirse- fue uno de los convidados predilectos de la muerte…
Conoció de primera mano los movimientos artísticos y literarios más relevantes de su época, y estuvo «afiliado» al Surrealismo y al Dadaísmo en París durante los últimos años del siglo XIX y parte de la primera mitad del siglo XX.
A partir de su propia fuerza expresiva -de su obsesión por la aniquilación- fue moldeando su propia tragedia.
Llamándola, acercándose. Dejándose consumir tranquilamente por la obsesión de alcanzar el valor suficiente como para encarar la muerte por su propia voluntad…
En 1929, a la edad de 30 años, Rigaut se suicidó con un arma de fuego, usando una regla para asegurarse de que la bala atravesara su corazón…
La autodestrucción como acto de fe, como bandera, como norte total e inexcusable, como justa rebelión, como protesta, como arma letal contra uno mismo, como risa final, como método justo de vaciarse, como máscara o pose –que es los mismo–, como efecto aceptado, irreversible, como par de la vida, como guerra interior no declarada, como peligro urgente y necesario, como razón del justo y el tirano, como expresión moderna y muy en boga,
La autodestrucción como acto de fe, como bandera, como norte total e inexcusable, como justa rebelión, como protesta, como arma letal contra uno mismo, como risa final, como método justo de vaciarse, como máscara o pose –que es los mismo–, como efecto aceptado, irreversible, como par de la vida, como guerra interior no declarada, como peligro urgente y necesario, como razón del justo y el tirano, como expresión moderna y muy en boga,
como lucha interior introspectiva, como forma de crítica al sistema, como terapia absurda y consecuente, como remedio justo contra el cáncer, como claudicación, como mordaza, como final también, como principio… Como negocio, en fin, seguro y cierto. Se admiten asociados en cómodo sistema de franquicia o accionistas solventes sin escrúpulos.
como lucha interior introspectiva, como forma de crítica al sistema, como terapia absurda y consecuente, como remedio justo contra el cáncer, como claudicación, como mordaza, como final también, como principio… Como negocio, en fin, seguro y cierto. Se admiten asociados en cómodo sistema de franquicia o accionistas solventes sin escrúpulos.
“Agencia General del Suicidio” – Jacques Rigaut
CHARLES BUKOWSKI
Charles Bukowski, una vida entregada a la ferocidad de su propia comedia… De su propio drama…
Una leyenda salvaje hecha a golpes de fuego.
Una grieta ambulante aullando su propia herida.
El destello mortal de quien está hecho no sólo para ver arder el mundo, sino para incendiarlo desde su propia agonía.
Los muertos no necesitan aspirina o tristeza -supongo- Pero quizás necesitan lluvia. -zapatos no- pero un lugar donde caminar. Cigarrillos no -nos dicen- pero un lugar donde arder. O nos dicen: Espacio y un lugar para volar. Da igual. Los muertos no me necesitan.
Los muertos no necesitan aspirina o tristeza -supongo- Pero quizás necesitan lluvia. -zapatos no- pero un lugar donde caminar. Cigarrillos no -nos dicen- pero un lugar donde arder. O nos dicen: Espacio y un lugar para volar. Da igual. Los muertos no me necesitan.
Ni los vivos. Pero quizás los muertos se necesitan unos a otros. En realidad, quizás necesitan todo lo que nosotros necesitamos -Y necesitamos tanto- Si solo supiéramos qué es… Probablemente es todo y probablemente todos nosotros moriremos tratando de conseguirlo o moriremos porque no lo conseguimos. Espero que cuando yo esté muerto comprendas que conseguí tanto como pude.
Ni los vivos. Pero quizás los muertos se necesitan unos a otros. En realidad, quizás necesitan todo lo que nosotros necesitamos -Y necesitamos tanto- Si solo supiéramos qué es… Probablemente es todo y probablemente todos nosotros moriremos tratando de conseguirlo o moriremos porque no lo conseguimos. Espero que cuando yo esté muerto comprendas que conseguí tanto como pude.
Charles Bukowski
ZAZIL ALAÍDE COLLINS
Zazil Alaíde Collins, joven promesa de las letras mexicanas (nació en 1985).
«Violencia» fue publicado como parte de su libro «Junkie de nada».
Destroy another fetus now we don’t like children anyhow. ’ve seen the future, baby: it is murder. Leonard Cohen
Quise escribir el poema más violento, el poema violante lento hidalgo que despierta del letargo a los roperos y las teteras, el que es tronido de copa esguinzada que atranca la puerta vasoconstructora de las yugulares lastimadas de los hombres, aquél que lograra, por fin, espigar los domingos del culto solitario y engañosamente grises;
Destroy another fetus now we don’t like children anyhow. ’ve seen the future, baby: it is murder. Leonard Cohen
Quise escribir el poema más violento, el poema violante lento hidalgo que despierta del letargo a los roperos y las teteras, el que es tronido de copa esguinzada que atranca la puerta vasoconstructora de las yugulares lastimadas de los hombres, aquél que lograra, por fin, espigar los domingos del culto solitario y engañosamente grises;
Uno que tomara venganza por mano propia, arrugara las chillantes voces de la artisteada, los rumores de las no-putas; un poema para los boxeadores de los cadalsos, para la enfermera hace poco apuñalada, para los desgarrados, los que pepenan los pesos, los rozados y las golpeadas; violento como el sentimiento de la podredumbre urdida en las camas de lino y vasos de plata, vajillas de Versace y cocos de jet set bambificados, tan violento que a los reyes de la poesía los convocaría a dimitir de la toga ensementada de poetastros y guerrillas falsas. Quise escribir el poema más violento, pero el salvaje está en mí.
Zazil Alaíde Collins, “Violencia”, Junkie de nada, Lenguaraz, 2009
Uno que tomara venganza por mano propia, arrugara las chillantes voces de la artisteada, los rumores de las no-putas; un poema para los boxeadores de los cadalsos, para la enfermera hace poco apuñalada, para los desgarrados, los que pepenan los pesos, los rozados y las golpeadas; violento como el sentimiento de la podredumbre urdida en las camas de lino y vasos de plata, vajillas de Versace y cocos de jet set bambificados, tan violento que a los reyes de la poesía los convocaría a dimitir de la toga ensementada de poetastros y guerrillas falsas. Quise escribir el poema más violento, pero el salvaje está en mí.
Zazil Alaíde Collins, “Violencia”, Junkie de nada, Lenguaraz, 2009
GABRIEL JAIME ECHEVERRY
Gabriel Jaime Echeverry, conocido comúnmente por su seudónimo @Un_Tal_Cioran en la plataforma Twitter es, como diría él mismo, «Un sujeto cualquiera… De la menor importancia».
«Vinieron las piedras», poema escrito en 2015, publicado por primera vez «Revista Bifrontal».
Shime-town, Kasuya, Fukuoka, Japan – Vía Archillect
VINIERON LAS PIEDRAS
Vinieron las piedras, y se lo llevaron todo. Hace años venían llegando. Se les veía de lejos. Pero caminaban despacio. Rodaban despacio. Podía uno verlas desde la ventana. Con esa paciencia de golpes tristes, que todo lo tiran. Vinieron las piedras a ponerse en mi frente, en mis zapatos. En mis pulmones. Llegaron porque tenían que matarme. Porque tenían que torcerle el cuello a la esperanza. Uno las dejaba pasar cuando tocaban a la puerta. Y a veces se quedaban varios días mirándolo todo. Como cosas simples, brutales. Venían y se tomaban un café. Y uno vivía con ellas, esperando por fin el momento en que asestaran el golpe. Sin rabia. Porque así son estos golpes de la vida.
Shime-town, Kasuya, Fukuoka, Japan – Vía Archillect
VINIERON LAS PIEDRAS
Vinieron las piedras, y se lo llevaron todo. Hace años venían llegando. Se les veía de lejos. Pero caminaban despacio. Rodaban despacio. Podía uno verlas desde la ventana. Con esa paciencia de golpes tristes, que todo lo tiran. Vinieron las piedras a ponerse en mi frente, en mis zapatos. En mis pulmones. Llegaron porque tenían que matarme. Porque tenían que torcerle el cuello a la esperanza. Uno las dejaba pasar cuando tocaban a la puerta. Y a veces se quedaban varios días mirándolo todo. Como cosas simples, brutales. Venían y se tomaban un café. Y uno vivía con ellas, esperando por fin el momento en que asestaran el golpe. Sin rabia. Porque así son estos golpes de la vida.
Se quedaban en silencio, y miraban la casa. Subían las escalas, merodeaban en la cocina. Pero nunca decían nada las piedras. Sólo esperaban. Porque así son los golpes de la vida. Ingenuos, tristes y salvajes. Vinieron las piedras a sentarse en mi cama -como un destino ciego- a llevarse la poca fe que me quedaba. Mataron al gato. Incendiaron la casa. Mojaron mis cigarrillos. Se robaron mis fotos. Rayaron mis libros. Se fueron las piedras y me dejaron esta ruina.
Se quedaban en silencio, y miraban la casa. Subían las escalas, merodeaban en la cocina. Pero nunca decían nada las piedras. Sólo esperaban. Porque así son los golpes de la vida. Ingenuos, tristes y salvajes. Vinieron las piedras a sentarse en mi cama -como un destino ciego- a llevarse la poca fe que me quedaba. Mataron al gato. Incendiaron la casa. Mojaron mis cigarrillos. Se robaron mis fotos. Rayaron mis libros. Se fueron las piedras y me dejaron esta ruina.
#creemosenelasombro
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NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
De donde vengo es imposible que viniese, por eso no estoy aquí…
«El puente» (Espejo #12) – Relato publicado originalmente en el libro «El espejo en el espejo – Un laberinto» de Michael Ende. Traducción de Antón Dieterich, Genoveva Dieterich (1986).
«Revista Bifrontal» lo reproduce sin ninguna finalidad comercial. De igual manera, acompañamos el texto con algunas obras de Edgar Ende, padre del escritor.
El puente que estamos construyendo desde hace muchos siglos nunca estará terminado. Como una mano tendida que nadie estrecha, sobresale por encima de las rocas escarpadas de la frontera de nuestro país, debajo de la que se abre al negro abismo sin fondo. Su amplio arco desaparece en alguna parte a lo lejos de la espesa niebla que se eleva constantemente de la profundidad.
Una construcción semejante no se puede concluir si alguien no viene al encuentro construyendo desde el lado opuesto. Y nosotros no hemos podido descubrir un indicio de que al otro lado se trabaje también en un proyecto semejante. Es probable que allí todavía no hayan notado nada de nuestros esfuerzos.
Muchos de nosotros dudan incluso que exista siquiera un lado opuesto. Esas gentes han fundado a lo largo de los últimos dos siglos una iglesia propia apartada de la antigua doctrina ortodoxa, cuyos miembros reciben el nombre de los Unilaterales. Originalmente era sólo un mote que les dieron los ortodoxos, más tarde lo adaptaron ellos mismos y desde entonces lo llevan con cierto orgullo. Sus convicciones, por cierto, no les impiden en absoluto seguir participando con todas sus fuerzas en la construcción del puente, tal como lo prescribe nuestra ética. Por eso tampoco se les persigue ya hoy como sucedía a veces en otros tiempos, sino que se considera que tienen los mismos derechos o casi. Se les reconoce por un pequeño corte vertical en el lóbulo de la oreja izquierda con el que manifiestan su unilateralidad. Los otros, en cambio, que forman la mayoría ortodoxa, se llaman los Medios. No dudan de la existencia de otro lado, pero saben que es inalcanzable.
Como una mano tendida que nadie estrecha, sobresale por encima de las rocas escarpadas de la frontera de nuestro país
Aunque en nuestro lado el puente nunca ha progresado más allá de la mitad, se desarrolla sobre él un intenso tráfico. A todas horas del día y de la noche pueden verse allí carros, jinetes, caminantes, sillas de mano y porteadores marchando en ambas direcciones.
Sin intercambios comerciales con el otro lado no podríamos existir, pues todos los medicamentos y una gran parte de nuestros alimentos vienen de allí. Nosotros les suministramos a cambio vasijas de barro de todo tipo, ladrillos, utensilios de metal y cera mineral que extraemos de nuestras minas.
A veces resulta difícil explicar a los extranjeros que aceptamos sin dificultades este hecho que a ellos les parece una contradicción evidente, y que vivimos con él. Nuestra religión nos prohíbe –y aquí no hay ninguna diferencia entre Unilaterales y Medios- dudar de que sólo existe aquella parte del puente que hemos construido nosotros mismos. Algunos fanáticos y heresiarcas que ha habido de vez en cuando en nuestra historia fueron conducidos directamente al lugar donde termina y obligados a continuar. Naturalmente, se precipitaban al abismo.
Experimentarían entonces en su propia carne que nuestro puente no ha sido terminado y que entre nosotros y el otro lado sigue existiendo el abismo
Experimentarían entonces en su propia carne que nuestro puente no ha sido terminado y que entre nosotros y el otro lado sigue existiendo el abismo
A quien no haya nacido y crecido en nuestro país podrá resultarle difícil comprender que la condición para que exista tráfico entre nosotros y el otro lado reside precisamente en que estamos profundamente convencidos de que es imposible.
Si pusiésemos seriamente en duda este fundamento de nuestra doctrina, tendría que hundirse irremisiblemente –de eso estamos seguros y todos nuestros libros sagrados lo confirman- la parte del puente construida por nosotros y estaríamos perdidos. Así que los viajeros deberán controlar sus lenguas y no tratar de indagar con demasiada obstinación el secreto de nuestra fe. Se exponen a correr la misma suerte que los herejes de nuestro propio pueblo.
Experimentarían entonces en su propia carne que nuestro puente no ha sido terminado y que entre nosotros y el otro lado sigue existiendo el abismo.
No he venido de ninguna parte, pues el lugar de mi origen no existe. Por eso no soy nadie…
En las bodas, por cierto nada escasas, entre un hijo o una hija de nuestro país y una hija o un hijo del otro lado, estos últimos declaran solemnemente que no existen. La diferencia entre nuestras dos confesiones consiste únicamente en que la fórmula de los Unilaterales dice: “No he venido de ninguna parte, pues el lugar de mi origen no existe. Por eso no soy nadie y así te tomo por marido (por mujer)”, mientras que la de los Medios dice: “De donde vengo es imposible que viniese, por eso no estoy aquí y así te tomo por marido (por mujer).” Con esta ceremonia se adquiere en nuestro país el pleno derecho de ciudadanía y a partir de entonces se es una persona real con todos los derechos y deberes conyugales.
#creemosenelasombro
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NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo.
Jacques-Alain Miller
NOTA: Esta entrevista a Jacques- Alain Miller, realizada por Hanna Waar, fue publicada originalmente en «Psychologies Magazine» (octubre 2008, n° 278). «Revista Bifrontal» la reproduce con fines netamente informativos. De igual manera, acompañamos el texto con algunas de las ilustraciones más hermosas (en opinión de nuestro equipo editorial) de la artista e ilustradora Chiara Bautista.
Hanna Waar: ¿El psicoanálisis enseña algo sobre el amor?
Jacques-Alain Miller: Mucho, pues es una experiencia cuyo resorte es el amor. Se trata de ese amor automático, y a menudo inconsciente, que el analizante dirige al analista, y que se llama la transferencia. Es un amor artificial, pero de la misma estofa que el amor verdadero. Saca a la luz su mecánica: el amor se dirige a aquel que usted piensa que conoce vuestra verdad verdadera. Pero el amor permite imaginar que esta verdad será amable, agradable, mientras que de hecho es muy difícil de soportar.
H.W.: ¿Entonces, qué es verdaderamente amar?
J-A.M.: Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: “¿Quién soy yo?”
Amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo.
Amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo.
H.W.: ¿Por qué algunos saben amar y otros no?
J-A.M.: Algunos saben provocar el amor en el otro, los «serial lovers», si puedo decirlo, hombres y mujeres. Saben qué botones apretar para hacerse amar. Pero ellos no aman necesariamente, juegan más bien al gato y al ratón con sus presas. Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquellos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente. Manipulan, tiran de los hilos, pero no conocen del amor ni el riesgo ni las delicias.
H.W.: “Estar completo solo”: sólo un hombre puede creer eso…
J-A.M.: ¡Bien dicho! Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su “castración”, como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Sólo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad.
H.W.: ¿Sería más difícil amar para los hombres?
J-A.M.: ¡Oh sí! Incluso un hombre enamorado tiene retornos de orgullo, lo asalta la agresividad contra el objeto de su amor, porque este amor lo pone en una posición de incompletud, de dependencia. Por ello puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que él pone en suspenso cuando ama. Freud llama a este principio la “degradación de la vida amorosa” en el hombre: la escisión del amor y del deseo.
H.W.: ¿Y en las mujeres?
J-A.M.: Es menos habitual. En el caso más frecuente, hay desdoblamiento del partenaire masculino. De un lado, está el amante que las hace gozar y al que desean, pero está también el hombre del amor, que está feminizado, profundamente castrado. Sólo que no es la anatomía la que comanda: hay mujeres que adoptan una posición masculina, incluso las hay cada vez más. Un hombre para el amor, en la casa, y hombres para el goce, que se encuentran en Internet, en la calle, o en el tren…
Mi amor por ti no es sólo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas
H.W.: ¿Por qué cada vez más?
J-A.M.: Los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad están en plena mutación. Los hombres son invitados a alojar sus emociones, a amar, a feminizarse. Las mujeres conocen, por el contrario, un cierto “empuje al hombre”: en nombre de la igualdad jurídica, se ven conducidas a repetir “yo también”.
Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los héteros, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los roles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de antaño.
El amor se vuelve “líquido”, como constata el sociólogo Zygmunt Bauman.
Cada uno es conducido a inventar su propio “estilo de vida”, y a asumir su modo de gozar y de amar. Los escenarios tradicionales caen en lento desuso. La presión social para adecuarse a ello no ha desaparecido, pero es baja.
H.W.: “El amor siempre es recíproco”, decía Lacan. ¿Aún es verdadero en el contexto actual? ¿Qué significa eso?
J-A.M.: Se repite esta frase sin comprenderla, o se la comprende de través. No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo.
Quiere decir: “Si yo te amo, es que tú eres amable. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti es el efecto de retorno de la causa de amor que tú eres para mí. Por lo tanto, algo tú tienes que ver. Mi amor por ti no es sólo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas.”
Esto no asegura en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado.
La realidad del inconsciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas (…) “divinos detalles”
La realidad del inconsciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas (…) “divinos detalles”
H.W.: No se encuentra a su «cada uno» o a su «cada una» por azar. ¿Por qué él? ¿Por qué ella?
J-A.M.: Existe lo que Freud llama Liebsbedingung, la condición de amor, la causa del deseo. Es un rasgo particular –o un conjunto de rasgos– que tiene en cada uno una función determinante en la elección amorosa. Esto escapa totalmente a las neurociencias, porque es propio de cada uno, tiene que ver con la historia singular e íntima. Rasgos a veces ínfimos están en juego. Freud, por ejemplo, había señalado como causa del deseo en uno de sus pacientes ¡un brillo de luz en la nariz de una mujer!
H.W.: Nos es difícil creer en un amor fundado sobre esas naderías.
J-A.M.: La realidad del inconsciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas, cabezas de alfiler, “divinos detalles”.
Es verdad que es sobretodo en el macho que encontramos tales causas del deseo, que son como fetiches cuya presencia es indispensable para desencadenar el proceso amoroso.
Particularidades nimias, que recuerdan al padre, la madre, el hermano, la hermana, tal personaje de la infancia, juegan también su papel en la elección amorosa de las mujeres.
Pero la forma femenina del amor es más erotómana que fetichista: quieren ser amadas, y el interés, el amor que se les manifiesta, o que suponen en el otro, es a menudo una condición sine qua non para desencadenar su amor, o al menos su consentimiento. El fenómeno está en la base de la conquista masculina.
H.W.: ¿Usted no le adjudica ningún papel a los fantasmas?
J-A.M.: En las mujeres, sean concientes o inconscientes, son determinantes para la posición de goce, más que para la elección amorosa. Y es a la inversa para los hombres.
Encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo. De algún modo se enamoró de sí mismo
Encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo. De algún modo se enamoró de sí mismo
Por ejemplo, ocurre que una mujer no pueda obtener el goce – digamos el orgasmo – sino a condición de imaginarse a sí misma durante el acto, siendo golpeada, violada, o siendo otra mujer, o incluso estando en otra parte, ausente.
H.W.: ¿Y el fantasma masculino?
J-A.M.: Está muy en evidencia en el enamoramiento. El ejemplo clásico, comentado por Lacan, está en la novela de Goethe, la súbita pasión del joven Werther por Charlotte, en el momento en que la ve por primera vez, alimentando a un grupo de niños que la rodea.
Aquí es la cualidad maternal de la mujer lo que desencadena el amor.
Otro ejemplo, tomado de mi práctica, es este: un jefe en la cincuentena recibe candidatas para un puesto de secretaria. Una joven mujer de 20 años se presenta y le desencadena inmediatamente su fuego.
Se pregunta lo que le pasó, entra en análisis. Allí descubre el desencadenante: encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo. De algún modo se enamoró de sí mismo.
H.W.: ¡Se tiene la impresión de que somos marionetas!
J-A.M.: No, entre tal hombre y tal mujer, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. Su encuentro no está programado como el del espermatozoide y el del óvulo; nada que ver tampoco con los genes.
Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante. Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos.
Ahora, ocurre que en Occidente, en nuestras sociedades, a la vez liberales, mercantiles y jurídicas, lo “múltiple” está en camino de destronar el “Uno“. El modelo ideal de “gran amor para toda la vida” cede poco a poco el terreno ante el «speed dating», el speed living y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos, incluso simultáneos.
Los enamorados están, de hecho, condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables.
H.W.: ¿Y el amor en su duración?, ¿en la eternidad?
J-A.M.: Balzac decía: “Toda pasión que no se crea eterna es repugnante”. ¿Pero el vínculo puede mantenerse toda la vida en el registro de la pasión?
Cuanto más un hombre se consagra a una sola mujer, más ella tiende a tomar para él una significación maternal: tanto más sublime e intocable cuanto más amada.
Son los homosexuales casados lo que desarrollan mejor este culto de la mujer: Aragon canta su amor por Elsa cuando muere, ¡buen día a los muchachos! Y cuando una mujer se apega a un solo hombre, lo castra. Por lo tanto, el camino es estrecho. El mejor destino del amor conyugal es la amistad, decía en esencia Aristóteles.
H.W.: El problema, es que los hombres dicen no comprender lo que quieren las mujeres, y las mujeres, lo que los hombres esperan de ellas…
J-A.M.: Sí. Lo que es una objeción a la solución aristotélica es que el diálogo de un sexo con el otro es imposible, suspiraba Lacan. Los enamorados están, de hecho, condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe.
Traducción: Silvia Baudini
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En sus fotos siempre hay algo que a uno le fue negado
Las fotos de los otros siempre son historias ajenas, que uno desea porque a uno le hace falta esa vida que a ellos les sobra.
No importa si es una vida miserable o aburrida, porque en sus fotos siempre hay algo que a uno le fue negado.
Uno no quiere sus vidas. Uno simplemente codicia esos momentos que cree mejores que los propios porque están lejos de la existencia rutinaria que uno carga todos los martes al levantarse de la cama para ir al trabajo.
Hay lugares que duelen mucho sólo porque uno los ve a través de una foto donde siempre hay personas que no son uno
Hay lugares que duelen mucho sólo porque uno los ve a través de una foto donde siempre hay personas que no son uno
Uno quisiera ser parte, sentir que también fue amado; que por un momento, estar ahí tuvo sentido.
Ya en la noche uno vuelve a pensar, como para consolarse un poco – ese pobre consuelo que más parece una herida, o el desasosiego de un domingo – que también a ellos la vida les parece una carga, esa que uno siente todos los jueves al levantarse de la cama para ir al trabajo.
No hay recurso más triste que la imaginación. Jugar a ser otro y sentirse condenado a ser uno
Y a pesar de todo, a pesar de ese consuelo de los tristes, hay lugares que duelen mucho sólo porque uno los ve a través de una foto donde siempre hay personas que no son uno.
Hay también canciones que duelen, que son como esas fotos de las que uno nunca hace parte…
No hay recurso más triste que la imaginación. Jugar a ser otro y sentirse condenado a ser uno.