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  • LA VIDA… A PESAR DE TODO – ENTREVISTA A SIGMUND FREUD

    LA VIDA… A PESAR DE TODO – ENTREVISTA A SIGMUND FREUD

     

    Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir.

    Sigmund Freud


    NOTA: Esta entrevista a Sigmund Freud, fue concedida en el año 1926 al periodista George Sylvester Viereck. A pesar de que se creía perdida, fue publicada en el volumen de “Psychoanalysis and the Fut” (New York en 1957). La traducción es de Miguel Ángel Arce. 

    “Revista Bifrontal” la reproduce con fines netamente informativos. De igual manera, acompañamos el texto con las ilustraciones de algunos artistas quienes realizaron magníficas piezas cuyo tema central es el mismo Sigmund Freud.


    S. Freud: Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad.

    Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma.

    El escenario de nuestra conversación fue en su casa de verano en Semmering, una montaña de los Alpes austríacos.

    Yo había visto el país del psicoanálisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez del sabio.

    Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable -como siempre- pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él.

    S. Freud: Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornándonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos.

    (Freud se rehusa a admitir que el destino le reserva algo especial).

    S. Freud: ¿Por qué (dice calmadamente) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas en compañía de mi mujer, mis hijos, el calor del sol.

    Observé las plantas que crecen en primavera.

    De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

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    Ilustración Delphine Lebourgeois©

    De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

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    Ilustración Delphine Lebourgeois©

    De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

    George Sylvester Viereck: El señor tiene ya  una cierta fama. Su obra prima influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por su causa. Recientemente, en el septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.

    S. Freud: Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mí o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia.

    George Sylvester Viereck: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?

    S. Freud: Absolutamente nada. Es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra prácticamente liquidó mis posesiones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.

    (Estabamos subiendo y descendiendo una pequeña elevación de tierra en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía).

    S. Freud: Estoy mucho más interesado en este capullo de lo que me pueda acontecer después de estar muerto.

    George Sylvester Viereck: ¿Entonces, usted es, al final, un profundo pesimista?

    S. Freud: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.

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    George Sylvester Viereck: ¿Usted cree en la persistencia de la personalidad después de la muerte, de la forma que sea?

    S. Freud: No pienso en eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué debería el hombre constituir una excepción?

    George Sylvester Viereck: ¿Le gustaría retornar en alguna forma, ser rescatado del polvo? ¿Usted no tiene, en otras palabras, deseo de inmortalidad?

    Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará.

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    “Freud’s dream” – Collage DreamCatchEuse©
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    “Freud’s dream” – Collage DreamCatchEuse©

    Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará.

    S. Freud: Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviéndose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas -para usar la expresión de Nietzsche- nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria?. No habría vínculo entre el pasado y el futuro.

    Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.

    George Sylvester Viereck: Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. Él encuentra que el hombre puede prolongar la vida si así lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. Él cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.

    S. Freud: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, consciente o inconscientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro de nosotros. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: “Más allá del principio del placer”. En el comienzo del psicoanálisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir”. El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.

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    George Sylvester Viereck: Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría lógicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.

    S. Freud: La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.

    (Estaba haciendo frío en el jardín. Continuamos la conversación en el gabinete. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con la caligrafía clara de Freud).

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    “Doctor Freud” – Ilustración MathewPeterMcCoy©

    En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista, como usted puede ver…

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    “Doctor Freud” – Ilustración MathewPeterMcCoy©

    En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista, como usted puede ver…

    George Sylvester Viereck: ¿En qué está trabajando el señor Freud?

    S. Freud: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla.

    George Sylvester Viereck: ¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?

    S. Freud: Algunos de mis mejores discípulos son legos.

    George Sylvester Viereck: ¿El Señor Freud está practicando mucho psicoanálisis?

    S. Freud: Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista, como usted puede ver …

    (En ese momento apareció la señorita Anna Freud, acompañada por su paciente, un muchacho de once años y facciones inconfundiblemente anglosajonas)

    George Sylvester Viereck: ¿Usted ya se analizó a sí mismo?

    S. Freud: Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como el chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos con los que lo han cargados.

    George Sylvester Viereck: Mi impresión es que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. “Tout comprendre c’est tout pardonner“.

    El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar.

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    «Sigmund Freud» – Collage Arthrob©
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    «Sigmund Freud» – Collage Arthrob©

    El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar.

    S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiendo la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento.

    (Comprendí súbitamente por qué Freud había litigado con sus seguidores que lo habían abandonado, por qué él no perdona disentir del recto camino de la ortodoxia psicoanalítica. Su sentido de lo que es recto es herencia de sus ancestros. Una herencia de la que él se enorgullece como se enorgullece de su raza).

    S. Freud: Mi lengua es el alemán. Mi cultura -mi realización- es alemana. Yo me consideré un intelectual alemán hasta que percibí el crecimiento del preconcepto antisemita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío.

    (Quedé algo desconcertado con esta observación. Me parecía que el espíritu de Freud debería vivir en las alturas más allá de cualquier preconcepto de razas, que él debería ser inmune a cualquier rencor personal. Pero debido precisamente a su indignación, a su honesta ira, se volvía más atrayente como ser humano. ¡Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)

    George Sylvester Viereck: ¡Me pone contento, Herr Profesor, que también el señor tenga sus complejos! ¡que el señor Freud demuestre que es, también, un mortal!.

    S. Freud: Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.

    George Sylvester Viereck: Imagino, observo, ¡cuáles serían mis complejos!

    S. Freud: Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida a la “caza de los leones”. Usted buscó siempre a las personas más destacadas de su generación: Roosevelt, El Emperador, Hindenburgh, Briand, Foch, Joffre, George Bernard Shaw….

    George Sylvester Viereck: Es parte de mi trabajo.

    S. Freud: Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre.

    (Negué vehementemente la afirmación de Freud. Mientras tanto, reflexionando sobre eso, me parece que puede haber una verdad, no sospechada por mí, en su sugestión casual. Puede ser lo mismo que el impulso que me llevó a él).

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    “Pink Freud” – Ilustración DracoIagem©

    El salvaje, como el animal, es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad

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    “Pink Freud” – Ilustración DracoIagem©

    El salvaje, como el animal, es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad

    George Sylvester Viereck: Me gustaría -observé después de un momento- poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez, como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aún cuando no confío en estar muy informado sobre el psicoanálisis, frecuentemente anticiparía o tentaría anticipar sus intenciones.

    S. Freud: La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.

    (En este punto el maestro del psicoanálisis difiere bastante de sus seguidores, que no gustan mucho de la seguridad del paciente que tienen bajo su supervisión).

    George Sylvester Viereck: A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.

    S. Freud: ¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.

    George Sylvester Viereck: ¿Por qué?

    S. Freud: Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego, que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal, es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho más agradables son las emociones simples y directas de un perro, al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (añadió Freud pensativamente) nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconscientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.

    George Sylvester Viereck: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ájax.

    S. Freud: (sonriendo) Me alegra saber que no puede leer. ¡Él sería, ciertamente, el miembro menos querido de la casa si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!

    Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir”

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    «Morning Therapy» – Ilustración NYCHOS©
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    «Morning Therapy» – Ilustración NYCHOS©

    Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir”

    George Sylvester Viereck: Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás. En tanto me parece que el señor sea en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis no sabíamos que nuestra personalidad era dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.

    S. Freud: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente.

    George Sylvester Viereck: Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue más compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.

    S. Freud: El psicoanálisis, por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.

    George Sylvester Viereck: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.

    S. Freud: La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.

    George Sylvester Viereck: La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos: la teoría del “desplazamiento”, de la “sexualidad infantil”, de los “simbolismos de los sueños”, etc.- parecen permanentes.

    S. Freud: Yo repito, pues, que estamos apenas en el inicio. Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.

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    “Sigmund Feud – Action Figure” – propiedad de Archie McPhee©

    Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización.

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    “Sigmund Feud – Action Figure” – propiedad de Archie McPhee©

    Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización.

    George Sylvester Viereck: ¿Usted siempre pone el énfasis sobre todo en el sexo?

    S. Freud: Respondo con las palabras de su propio poeta, Walt Whitman: “Más todo faltaría si faltase el sexo” (Yet all were lacking, if sex were lacking). Mientras tanto, ya le expliqué que ahora pongo el énfasis casi igual en aquello que está “más allá” del placer -la muerte, la negociación de la vida-. ¡Este deseo explica por qué algunos hombres aman al dolor como un paso para el aniquilamiento! Explica por qué los poetas agradecen a «los dioses»:

     

    From too much love of living from hope and fear set free, we thank with brief thanksgiving whatever gods may be that no life lives for ever; that dead men rise up never; that even the weariest river winds somewhere safe to sea*

    Por excesivo amor a la vida, por la esperanza y el temor liberados, brevemente agradecemos a los dioses, sin importar quiénes sean, que la vida no sea eterna, que nunca los muertos se levanten, que hasta el río más perezoso llegue en sus giros al reposo del mar.

    *»The garden of Proserpine» – Poema de Algernon Charles Swinburne


    George Sylvester Viereck: Shaw, como usted, no desea vivir para siempre, pero a diferencia de usted, él considera al sexo carente de interés.

    S. Freud: (Sonriendo) Shaw no comprende el sexo. Él no tiene ni la más remota concepción del amor. No hay un verdadero caso amoroso en ninguna de sus piezas. Él hace humoradas del amor de Julio César -tal vez la mayor pasión de la historia-. Deliberadamente, tal vez maliciosamente, despoja a Cleopatra de toda grandeza, relegándola a una simple e insignificante muchacha. La razón para la extraña actitud de Shaw frente al amor, por su negación del móvil de todas las cosas humanas que emanan de sus piezas, el clamor universal, a pesar de su enorme alcance intelectual, es inherente a su psicología. En uno de sus prefacios, él mismo enfatiza el rasgo ascético de su temperamento. Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización. La humanidad, en una especie de autodefensa, procura su propia importancia. Si usted raspa a un ruso, dice el proverbio, aparece el tártaro sobre la piel. Analice cualquier emoción humana, no importa cuán distante esté de la esfera de la sexualidad, usted encontrará ese impulso primordial al cual la propia vida debe su perpetuidad.

    George Sylvester Viereck: Usted, sin duda, fue bien seguido al transmitir ese punto de vista a los escritores modernos. El psicoanálisis dio nuevas intensidades a la literatura.

    S. Freud: También recibí mucho de la literatura y la filosofía. Nietzsche fue uno de los primeros psicoanalistas. Es sorprendente ver hasta qué punto su intuición preanuncia las novedades descubiertas. Ninguno se percató más profundamente de los motivos duales de la conducta humana, y de la insistencia del principio del placer en predominar indefinidamente que él. En Zaratustra dice: “El dolor grita: ¡Va! Pero el placer quiere eternidad Pura, profundamente eternidad”. El psicoanálisis puede ser menos discutido en Austria y en Alemania que en los Estados Unidos, su influencia en la literatura es, por lo tanto, inmensa. Thomas Mann y Hugo Von Hofmannsthak mucho nos deben a nosotros. Schnitzler recorre un sendero que es, en gran medida, paralela a mi propio desarrollo. El expresa poéticamente lo que yo intento comunicar científicamente. Pero el Dr. Schnitzle no es sólo un poeta, es también un científico.

    George Sylvester Viereck: Usted no sólo es un científico, también es un poeta. La literatura americana está impregnada de psicoanálisis. Hupert Hughes, Harvrey O’Higgins y otros, son sus intérpretes. Es casi imposible abrir una nueva novela sin encontrar alguna referencia al psicoanálisis. Entre los dramaturgos Eugene O’Neill y Sydney Howard tienen una gran deuda con usted. “The Silver Cord” por ejemplo, es simplemente una dramatización del complejo de Edipo.

    Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir

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    «Freud» – Collage Kab3On©
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    «Freud» – Collage Kab3On©

    Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir

    S. Freud: Yo sé y entiendo el cumplido que hay en esa afirmación. Pero, tengo cierta desconfianza de mi popularidad en los Estados Unidos. El interés americano por el psicoanálisis no se profundiza. La popularización lo lleva a la aceptación sin que se lo estudie seriamente. Las personas apenas repiten las frases que aprenden en el teatro o en las revistas. Creen comprender algo del psicoanálisis porque juegan con su argot. Yo prefiero la ocupación intensa con el psicoanálisis, tal como ocurre en los centros europeos, aunque Estados Unidos fue el primer país en reconocerme oficialmente.

    La «Clark University» me concedió un diploma honorario cuando yo siempre fui ignorado en Europa. Mientras tanto, Estados Unidos hace pocas contribuciones originales al psicoanálisis.

    Los americanos son jugadores inteligentes, raramente pensadores creativos. Los médicos en los Estados Unidos, y ocasionalmente también en Europa, tratan de monopolizar para sí al psicoanálisis. Pero sería un peligro para el psicoanálisis dejarlo exclusivamente en manos de los médicos, pues una formación estrictamente médica es, con frecuencia, un impedimento para el psicoanálisis. Es siempre un impedimento cuando ciertas concepciones científicas tradicionales están arraigadas en el cerebro.

    ¡Freud tiene que decir la verdad a cualquier precio!. El no puede obligarse a sí mismo a agradar a Estados Unidos -donde están la mayoría de sus seguidores-.

    A pesar de su rudeza, Freud es la urbanidad en persona. Él oye pacientemente cada intervención, procurando nunca intimidar al entrevistador. ¡Raro es el visitante que se aleja de su presencia sin un presente, alguna señal de hospitalidad!

    Había oscurecido. Era tiempo de tomar el tren de vuelta a la ciudad que una vez cobijara el esplendor imperial de los Habsburgos. Acompañado de su esposa y de su hija, Freud desciende los escalones que lo alejan de su refugio en la montaña a la calle para verme partir. Me pareció verlo cansado y triste al darme el adiós.

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    “The Dark Knight” – propiedad de EvgenyParfenov©

    “No me haga parecer un pesimista”, dice Freud después de un apretón de manos. «Yo no tengo desprecio por el mundo»

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    “The Dark Knight” – propiedad de EvgenyParfenov©

    “No me haga parecer un pesimista”, dice Freud después de un apretón de manos. «Yo no tengo desprecio por el mundo»

    “No me haga parecer un pesimista”, dice Freud después de un apretón de manos. «Yo no tengo desprecio por el mundo».

    George Sylvester Viereck: Expresar desdén por el mundo es apenas otra forma de cortejarlo, de ganar audiencia y aplauso.

    S. Freud: ¡No, yo no soy un pesimista, en tanto tenga a mis hijos, mi mujer y mis flores! No soy infeliz, al menos no más infeliz que otros.

    El silbato de mi tren sonó en la noche. El automóvil me condujo rápidamente hacia la estación. Apenas logré ver, ligeramente encorvado, la cabeza grisácea de Sigmund Freud desapareciendo en la distancia…

     

    #creemosenelasombro

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  • ANTONY GORMLEY… CUERPO VACÍO – ESPACIO Y FORMA

    ANTONY GORMLEY… CUERPO VACÍO – ESPACIO Y FORMA

     

    Ese cuerpo al que llaman suyo es un obsequio del lenguaje

    Colette Soler


    Tal vez la pregunta no sea «¿somos el cuerpo que «tenemos»?». Sino más bien ¿este cuerpo me «es» sin yo serlo?

    ¿Me precede mi cuerpo? ¿Me esclaviza mi cuerpo? ¿Me demanda, como si lo que entiendo por «yo» no fuera más que su marioneta?

    El cuerpo-verdugo.


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    “Expansion Family”- Antony Gormley©
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    “Big Hode”- Antony Gormley©
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    “Big Skew”- Antony Gormley©
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    “Daze”- Antony Gormley©
    "Antony Gormley" sculpture installation "contemporary art" museum exposition gallery "urban intervention" architecture
    “Stay by”- Antony Gormley©
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    “Concern”- Antony Gormley©
    "Antony Gormley" sculpture installation "contemporary art" museum exposition gallery "urban intervention" architecture
    “Prop”- Antony Gormley©

    «No sabemos lo que puede un cuerpo…» decía Spinoza.

    El cuerpo-dictador es también el cuerpo-anarquía. Como en sueños (como un lapsus).

    Nos precede la organización -la disposición de una identidad- que ya otros han hecho (a-priori) de nuestros cuerpos.

    Vinimos a este mundo y desde mucho antes tuvimos un nombre, una lengua, una manera de habitarlo y -también- una forma para disponer de nuestro cuerpo…

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    "Antony Gormley" sculpture installation "contemporary art" museum exposition gallery "urban intervention" architecture
    “Strike”- Antony Gormley©

    Somos, precisamente, la tragedia de la civilización. Su ironía perfecta.

    "Antony Gormley" sculpture installation "contemporary art" museum exposition gallery "urban intervention" architecture
    “Strike”- Antony Gormley©

    Somos, precisamente, la tragedia de la civilización. Su ironía perfecta.

    «Es necesario que aprendas a comer de esta forma». «Debes disponer los deshechos de tu cuerpo en este lugar». «Es ilícito amar de otra manera…»

    Hay lugares para todo. Y adaptaciones del cuerpo según las circunstancias y los deseos del «Otro». El «Otro-Padre», el «Otro-escuela», el «Otro-fábrica». Sucesivamente…

    ¿Hay algo a lo que pueda llamar realmente «Mi cuerpo»? ¿Hay un espacio de libertad que no sea solamente este rol corporal impuesto? ¿Algo más allá de este cuerpo anarquía-dictadura que me susurra una oposición violenta y brutal desde sus propios órganos que no son míos?

    Nos queda esta escisión -este cuerpo esquizoide, partido, dividido-. Esta masa de órganos que se rebelan y se disponen -como en una batalla- contra «el buen sentido» tan propio de la civilización y la cultura…

    Somos, precisamente, la tragedia de la civilización. Su ironía perfecta.


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    “Catch II”- Antony Gormley©
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    “Resort IV”- Antony Gormley©
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    “View”- Antony Gormley©
    "Antony Gormley" sculpture installation "contemporary art" museum exposition gallery "urban intervention" architecture
    “Open Space”- Antony Gormley©
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    “Unlimited Bodies”- Antony Gormley©
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    “Hinge II”- Antony Gormley©
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    “Standing Matter XVII”- Antony Gormley©

    Nos quedan -tal vez- breves esbozos de animalidad a los que consideramos más bien como un residuo molesto. Recordatorio de que un día fuimos libres. Que no existía aún este grillete al que llamamos «cultura». Que algún día renunciamos también a la simplicidad e ingresamos -triunfantes e ingenuos- al laberinto de la angustia que es esta máquina de guerra a la que llamamos civilización.

    Pero el cuerpo recuerda todavía. El animal sobrevive a pesar de la ley; contra la ley. Sintomático de la ley. Y en el medio, el despojo de nuestra identidad.

    Ya lo hemos manifestado en otras ocasiones. No se puede obligar a una obra a decir lo que nunca dijo. Pero si se deben formular las preguntas y las inquietudes que la obra -en su ejercicio de signo e interrogante- pone frente a nosotros.

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    El cuerpo-grito: al margen de nosotros mismos…

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    “Sound II”- Antony Gormley©
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    “Sound II”- Antony Gormley©

    El cuerpo-grito: al margen de nosotros mismos…


    La obra escultórica de Antony Gormley resulta inquietante porque interroga -sobre todo- lo que hemos hecho del cuerpo. Porque de alguna forma impulsa la cuestión de una naturaleza dividida -esquizoide- de lo humano.

    El hombre en pie de lucha contra sí mismo: Manifestación de una guerra entre lo lícito-permitido por la cultura y aquello ilícito-deseado por el cuerpo.

    El cuerpo-grito: al margen de nosotros mismos.

    ¿Y nosotros? No tenemos más remedio que padecer el deseo en pugna contra lo permitido…

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    "Antony Gormley" sculpture installation "contemporary art" museum exposition gallery "urban intervention" architecture
    “Places to be”- Antony Gormley©
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    “Learning to think”- Antony Gormley©
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    “Fruit”- Antony Gormley©
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    “Before the light”- Antony Gormley©
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    “Tree Without Arms”- Antony Gormley©
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    “Together and apart”- Antony Gormley©

    O bien organizar y agenciar nuestra encuentros -nuestro cuerpo y nuestra alegría-. Asumir la suprema conciencia de los afectos (lo que nos afecta) y determinar hasta qué punto hay realmente un sujeto, consciente de que afecta y es -a su vez- afectado.

    Que el cuerpo es también una frontera -un lenguaje- que puede diluir sus propios límites en la medida en que se asume la tarea de agenciarse a sí mismo y agenciar sus propios encuentros y afectos.

    Nos queda la conciencia de nuestra propia «discapacidad». De nuestra imposibilidad de un retorno a lo animal.

    Sin embargo, aún así, tenemos también la obligación de encontrar el espacio para una breve libertad: «Enseñar al cuerpo a vivir su vida. No a salvarla».*

    *Paráfrasis de un texto original de Gilles Deleuze


    ¿Te interesa el trabajo de Antony Gormley? Presta atención a sus palabras…

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    Si te interesan más referencias acerca del problema y la cuestión del cuerpo, mira Aquí y Aquí

    Autor: @Un_Tal_Cioran

    NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.

  • «SOBRE EL AMOR» – JAQUES-ALLAIN MILLER

    «SOBRE EL AMOR» – JAQUES-ALLAIN MILLER

     

    Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo.

    Jacques-Alain Miller


    NOTA: Esta entrevista a Jacques- Alain Miller, realizada por Hanna Waar, fue publicada originalmente en «Psychologies Magazine» (octubre 2008, n° 278). «Revista Bifrontal» la reproduce con fines netamente informativos. De igual manera, acompañamos el texto con algunas de las ilustraciones más hermosas (en opinión de nuestro equipo editorial) de la artista e ilustradora Chiara Bautista.


    Hanna Waar: ¿El psicoanálisis enseña algo sobre el amor?

    Jacques-Alain Miller: Mucho, pues es una experiencia cuyo resorte es el amor. Se trata de ese amor automático, y a menudo inconsciente, que el analizante dirige al analista, y que se llama la transferencia. Es un amor artificial, pero de la misma estofa que el amor verdadero. Saca a la luz su mecánica: el amor se dirige a aquel que usted piensa que conoce vuestra verdad verdadera. Pero el amor permite imaginar que esta verdad será amable, agradable, mientras que de hecho es muy difícil de soportar.

    H.W.: ¿Entonces, qué es verdaderamente amar?

    J-A.M.: Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: “¿Quién soy yo?”

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    Chiara Bautista©

    Amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo.

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    Chiara Bautista©

    Amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo.

    H.W.: ¿Por qué algunos saben amar y otros no?

    J-A.M.: Algunos saben provocar el amor en el otro, los «serial lovers», si puedo decirlo, hombres y mujeres. Saben qué botones apretar para hacerse amar. Pero ellos no aman necesariamente, juegan más bien al gato y al ratón con sus presas. Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquellos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente. Manipulan, tiran de los hilos, pero no conocen del amor ni el riesgo ni las delicias.

    H.W.: “Estar completo solo”: sólo un hombre puede creer eso…

    J-A.M.: ¡Bien dicho! Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su “castración”, como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Sólo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad.

    H.W.: ¿Sería más difícil amar para los hombres?

    J-A.M.: ¡Oh sí! Incluso un hombre enamorado tiene retornos de orgullo, lo asalta la agresividad contra el objeto de su amor, porque este amor lo pone en una posición de incompletud, de dependencia. Por ello puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que él pone en suspenso cuando ama. Freud llama a este principio la “degradación de la vida amorosa” en el hombre: la escisión del amor y del deseo.

    H.W.: ¿Y en las mujeres?

    J-A.M.: Es menos habitual. En el caso más frecuente, hay desdoblamiento del partenaire masculino. De un lado, está el amante que las hace gozar y al que desean, pero está también el hombre del amor, que está feminizado, profundamente castrado. Sólo que no es la anatomía la que comanda: hay mujeres que adoptan una posición masculina, incluso las hay cada vez más. Un hombre para el amor, en la casa, y hombres para el goce, que se encuentran en Internet, en la calle, o en el tren…

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    Mi amor por ti no es sólo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas

    "illustrations by Chiara Bautista" surreal beautiful colorful talented drawings about heartbreaking love
    Chiara Bautista©
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    Mi amor por ti no es sólo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas

    H.W.: ¿Por qué cada vez más?

    J-A.M.: Los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad están en plena mutación. Los hombres son invitados a alojar sus emociones, a amar, a feminizarse. Las mujeres conocen, por el contrario, un cierto “empuje al hombre”: en nombre de la igualdad jurídica, se ven conducidas a repetir “yo también”.

    Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los héteros, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los roles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de antaño.

    El amor se vuelve “líquido”, como constata el sociólogo Zygmunt Bauman.

    Cada uno es conducido a inventar su propio “estilo de vida”, y a asumir su modo de gozar y de amar. Los escenarios tradicionales caen en lento desuso. La presión social para adecuarse a ello no ha desaparecido, pero es baja.

    H.W.: “El amor siempre es recíproco”, decía Lacan. ¿Aún es verdadero en el contexto actual? ¿Qué significa eso?

    J-A.M.: Se repite esta frase sin comprenderla, o se la comprende de través. No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo.

    Quiere decir: “Si yo te amo, es que tú eres amable. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti es el efecto de retorno de la causa de amor que tú eres para mí. Por lo tanto, algo tú tienes que ver. Mi amor por ti no es sólo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas.”

    Esto no asegura en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado.

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    La realidad del inconsciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas (…) “divinos detalles”

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    Chiara Bautista©

    La realidad del inconsciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas (…) “divinos detalles”

    H.W.: No se encuentra a su «cada uno» o a su «cada una» por azar. ¿Por qué él? ¿Por qué ella?

    J-A.M.: Existe lo que Freud llama Liebsbedingung, la condición de amor, la causa del deseo. Es un rasgo particular –o un conjunto de rasgos– que tiene en cada uno una función determinante en la elección amorosa. Esto escapa totalmente a las neurociencias, porque es propio de cada uno, tiene que ver con la historia singular e íntima. Rasgos a veces ínfimos están en juego. Freud, por ejemplo, había señalado como causa del deseo en uno de sus pacientes ¡un brillo de luz en la nariz de una mujer!

    H.W.: Nos es difícil creer en un amor fundado sobre esas naderías.

    J-A.M.: La realidad del inconsciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas, cabezas de alfiler, “divinos detalles”.

    Es verdad que es sobretodo en el macho que encontramos tales causas del deseo, que son como fetiches cuya presencia es indispensable para desencadenar el proceso amoroso.

    Particularidades nimias, que recuerdan al padre, la madre, el hermano, la hermana, tal personaje de la infancia, juegan también su papel en la elección amorosa de las mujeres.

    Pero la forma femenina del amor es más erotómana que fetichista: quieren ser amadas, y el interés, el amor que se les manifiesta, o que suponen en el otro, es a menudo una condición sine qua non para desencadenar su amor, o al menos su consentimiento. El fenómeno está en la base de la conquista masculina.

    H.W.: ¿Usted no le adjudica ningún papel a los fantasmas?

    J-A.M.: En las mujeres, sean concientes o inconscientes, son determinantes para la posición de goce, más que para la elección amorosa. Y es a la inversa para los hombres.

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    Encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo. De algún modo se enamoró de sí mismo

    "illustrations by Chiara Bautista" surreal beautiful colorful talented drawings about heartbreaking love
    Chiara Bautista©
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    Chiara Bautista©

    Encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo. De algún modo se enamoró de sí mismo

    Por ejemplo, ocurre que una mujer no pueda obtener el goce – digamos el orgasmo – sino a condición de imaginarse a sí misma durante el acto, siendo golpeada, violada, o siendo otra mujer, o incluso estando en otra parte, ausente.

    H.W.: ¿Y el fantasma masculino?

    J-A.M.: Está muy en evidencia en el enamoramiento. El ejemplo clásico, comentado por Lacan, está en la novela de Goethe, la súbita pasión del joven Werther por Charlotte, en el momento en que la ve por primera vez, alimentando a un grupo de niños que la rodea.

    Aquí es la cualidad maternal de la mujer lo que desencadena el amor.

    Otro ejemplo, tomado de mi práctica, es este: un jefe en la cincuentena recibe candidatas para un puesto de secretaria. Una joven mujer de 20 años se presenta y le desencadena inmediatamente su fuego.

    Se pregunta lo que le pasó, entra en análisis. Allí descubre el desencadenante: encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo. De algún modo se enamoró de sí mismo.

    H.W.: ¡Se tiene la impresión de que somos marionetas!

    J-A.M.: No, entre tal hombre y tal mujer, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. Su encuentro no está programado como el del espermatozoide y el del óvulo; nada que ver tampoco con los genes.

    Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante. Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos.

    Ahora, ocurre que en Occidente, en nuestras sociedades, a la vez liberales, mercantiles y jurídicas, lo “múltiple” está en camino de destronar el “Uno“. El modelo ideal de “gran amor para toda la vida” cede poco a poco el terreno ante el «speed dating», el speed living y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos, incluso simultáneos.

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    Los enamorados están, de hecho, condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables.

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    Chiara Bautista©

    Los enamorados están, de hecho, condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables.

    H.W.: ¿Y el amor en su duración?, ¿en la eternidad?

    J-A.M.: Balzac decía: “Toda pasión que no se crea eterna es repugnante”. ¿Pero el vínculo puede mantenerse toda la vida en el registro de la pasión?

    Cuanto más un hombre se consagra a una sola mujer, más ella tiende a tomar para él una significación maternal: tanto más sublime e intocable cuanto más amada.

    Son los homosexuales casados lo que desarrollan mejor este culto de la mujer: Aragon canta su amor por Elsa cuando muere, ¡buen día a los muchachos! Y cuando una mujer se apega a un solo hombre, lo castra. Por lo tanto, el camino es estrecho. El mejor destino del amor conyugal es la amistad, decía en esencia Aristóteles.

    H.W.: El problema, es que los hombres dicen no comprender lo que quieren las mujeres, y las mujeres, lo que los hombres esperan de ellas…

    J-A.M.: Sí. Lo que es una objeción a la solución aristotélica es que el diálogo de un sexo con el otro es imposible, suspiraba Lacan. Los enamorados están, de hecho, condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe.

    Traducción: Silvia Baudini

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  • SANTIAGO CARUSO – LO SINIESTRO…

    SANTIAGO CARUSO – LO SINIESTRO…

     

    En este punto ya no cuenta ninguna «incertidumbre intelectual»: ahora sabemos que no se nos quiere presentar el producto de la fantasía de un loco, tras el cual, desde nuestra superioridad racionalista, pudiéramos discernir el estado de cosas positivo; y sin embargo. . . Ese esclarecimiento en nada ha reducido la impresión de lo ominoso.

    Sigmund Freud


    Es lo que vuelve lo que me preocupa…

    Lo que regresa cuando no se le está esperando.

    Lo que irrumpe sin ser invitado.

    La angustia primitiva que viene -de algún modo- a jugar un rato con la poca sensatez que nos queda. Y lo que queda de nosotros es entonces el pobre espanto sin nombre. El ojo siniestro que nos observa sutilmente desde los rincones más oscuros de la memoria. Allá donde no queremos ir.

    Santiago Caruso artist painter illustrator from Argentina surreal drawings nightmarish paintings
    “Cynopolis” – Santiago Caruso©
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    “The Vessel” – Santiago Caruso©
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    “Spectral House” – Santiago Caruso©
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    “From Below” – Santiago Caruso©

    Volvemos siempre -ya de noche- a contemplar con horror el abismo en el que se ha convertido un pasado que no se calla.

    Una sombra que rechina, que cruje los huesos, que tiene todos los rostros y ninguno.

    Recuerdo -si- cargar un recipiente de cristal con las entrañas aún tibias de mi padre.

    Tenía que llevarlas a enterrar, calle arriba, en el cementerio de mi pueblo.

    O regalárselas a quien las quisiera; a cualquiera que las necesitara para algún familiar en estado terminal.

    Fue una pesadilla espantosa…

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    Santiago Caruso artist painter illustrator from Argentina surreal drawings nightmarish paintings
    “Golpe a Golpe” – Santiago Caruso©
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    “Hunger” – Santiago Caruso©
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    “House of windows” – Santiago Caruso©

    Pero es eso precisamente lo que vuelve; y ante lo cual no queda remedio sino espanto. El horror mudo de quien no puede nada contra los fantasmas de su pasado.

    Lo siniestro, que no tiene nombre sino muecas de angustia. Lo que no tiene nombre sino gritos que nadie escucha…

    No se puede obligar a una obra a decir lo que nunca ha dicho. Pero no se puede negar, sin embargo, que hay algo familiar -algo a lo que sin embargo queda muy difícil darle un nombre- en las maravillosas piezas de horror concebidas por el artista argentino Santiago Caruso.

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    Volvemos siempre -ya de noche- a contemplar con horror el abismo en el que se ha convertido un pasado que no se calla.

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    “La Condesa sangrienta” – Santiago Caruso©
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    “La condesa sangrienta” – Santiago Caruso©

    Volvemos siempre -ya de noche- a contemplar con horror el abismo en el que se ha convertido un pasado que no se calla.

    Lo que habita en ellas es el espanto. Lo que se reprime sin éxito porque no termina nunca de regresar. De modularnos desde nuestras más oscuras pesadillas su propio nombre, oscuro e indescifrable.

    Santiago Caruso nos regala obras de un asombro y un horror absoluto. Cercanas -de algún modo- al trabajo de Francis Bacon, Giger y el propio Fuseli, sin caer en la repetición ni el cliché, toca las fibras de un horror que cargamos con nosotros, que llevaremos siempre en nuestros ojos hasta que venga por fin la Parca a cerrarlos definitivamente…

    Lo innombrable. Lo siniestro. Lo ominoso. Eso que alguna vez el mismo Freud intentó descifrar…

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    “Maharal of Prague” – Santiago Caruso©
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    “The smile of Hiroshima” – Santiago Caruso©
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    “Throne of Chaos” – Santiago Caruso©

    Y es precisamente lo que vuelve. Lo que de día, a la luz de la razón, rechazamos por ponernos demasiado cerca del abismo incontrolable de la psicosis. De la locura. De lo azaroso e impredecible. La anarquía de un horror al que nuestra conciencia ha puesto a dormir en los desvanes, en los sótanos más oscuros de nuestro ser…

    Y es eso lo que no deja de hacer un ruidito molesto, incómodo. Un murmullo sordo que, ya en las noches, vuelve a nosotros como un mar furioso a reclamar nuestra cordura.

    La obra de Santiago Caruso es hermosa porque viene a darle nombre a nuestra cobardía…

    Al triste miedo que nos hace esclavos de lo que ocultamos.

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    Santiago Caruso artist painter illustrator from Argentina surreal drawings nightmarish paintings
    “Virus of submission” – Santiago Caruso©

    Lo que habita en ellas es el espanto. Lo que se reprime sin éxito porque no termina nunca de regresar. De modularnos desde nuestras más oscuras pesadillas su propio nombre, oscuro e indescifrable.

    Santiago Caruso artist painter illustrator from Argentina surreal drawings nightmarish paintings
    “Virus of submission” – Santiago Caruso©

    Lo que habita en ellas es el espanto. Lo que se reprime sin éxito porque no termina nunca de regresar. De modularnos desde nuestras más oscuras pesadillas su propio nombre, oscuro e indescifrable.

    De aquellos secretos inconfesables que, a fuerza de mantenerse ocultos, han venido a desbordarse hasta las límites de una angustia incomprensible.

    Si, nuestros fantasmas seguirán ahí, aullándonos sin pausa ni prisa hasta que algún día logremos -por fin- mirarlos a los ojos…

    #creemosenelasombro

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    Autor: @Un_Tal_Cioran

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