Mi pobre muchacho -dice ella-, ¿cree en serio que el mundo de aquí fuera no pertenece ya al laberinto? La sola existencia de esta puerta significa que no hay delante ni detrás. Este mundo es sólo uno de los muchos sueños que usted ha soñado o soñará todavía.
Y muchas veces buscamos también lo que no tuvimos nunca aunque nuestro deseo nos grite desde las entrañas y contra toda lógica que, muy a pesar nuestro, hay algo en nosotros que lo quiere.
¿Recuerdas haber soñado una noche interminable recorriendo una ciudad en llamas mientras buscabas algo? ¿Cualquier cosa?
No lo recuerdas bien.
Buscabas, pero no sabes muy bien qué.
La gente corría o caminaba frenéticamente.
Pero la gente de los sueños está hecha de una materia extraña y voluble. Todos te miran. Todos te conocen. A veces crees que los conoces también. Pero son sólo eso, gente de los sueños. Gente intangible.
Símbolos de un deseo al que le tienes miedo porque, a la hora de las luces, sabes bien que es un deseo inaceptable.
O no lo sabes -pero lo saben por ti-.
Es el cuerpo el que lo sabe. Tú no.
Tú eres tu propio títere. Un actor casual que vino a ocupar un cuerpo que tiene ya una agenda prefigurada: La búsqueda de lo infinito.
Es el cuerpo el que busca lo que tú mismo no te atreves a saber.
En tus sueños lo has visto. Más allá del desierto, muy alto en el cielo: Una serpiente que se muerde la cola.
No conoces lo que significa la eternidad, pero tu cuerpo lo intuye. Y por eso lo busca -noche tras noche- cuando vuelves al mismo sueño que son todos los sueños del mundo repitiéndose en un solo cuerpo.
Tal vez tú no eres más que el sueño de tu propio cuerpo. Porque él sabe muy bien que la muerte es solamente un olvido, y que la identidad no es más que un chiste pasajero.
La eternidad -la verdad que perdiste cuando te dieron un nombre, y para colmo lo creíste- vive sin necesitarte.
Más allá de ti mismo, en tu cuerpo (que no es tuyo: tú le perteneces a él) hay una eternidad que quiere volver a sí misma cuando finalmente no haya rastro de ti y vuelvas a hacer parte de un cosmos oscuro y callado como el vientre de una madre.
Marcin Sacha, fotógrafo de origen polaco, es quien recrea estos panoramas que median entre el sueño y la pesadilla.
Él mismo construye a partir de materiales como arcilla, papel o cerámica, las locaciones que utiliza para sus fotos, con excepción de los paisajes naturales, claro está.
Lo que más parece interesarle (él mismo lo dice) es el contraste, el juego de luces y de sombras. Un mundo en el que tanto el espectador como las escasas figuras que lo habitan se saben extranjeros.
En mis montajes fotográficos hago uso de papel, arcilla, ladrillos y cerámicas preparadas por mí mismo. A partir de ellos creo el paisaje, jugando luego con la luz para conseguir un resultado interesante que dote de un estado de ánimo específico de la composición de la luz y la sombra en el plano del marco. Mis mundos, aún habitados por la gente, están dominados por las formas, la sombra y la luz. Estos mundos son ajenos a ellos.
NOTA: “Revista Bifrontal” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos. Los créditos respectivos son enlazados a los sitios web del autor o autores propietarios de las mismas.
Una experiencia hecha de siete soledades. Oídos nuevas para una música nueva. Ojos nuevos para lo más lejano. Una conciencia nueva para verdades que hasta ahora han permanecido mudas.
F. Nietzsche
No deja de ser importante pensar el asombro.
Hacer la pregunta frente a los mecanismos por los cuales, por momentos, podemos trascender la banalidad (la rutina) y acceder a esa forma de la «divinidad» a la cual llamamos arte.
Dave Hickey es un destacado crítico de arte estodounidense de quien, recientemente, leímos algunas declaraciones que inicialmente rechazamos. Sin embargo, más tarde y luego de un lectura más minuciosa, alcanzamos a comprender y también a compartir.
En la entrevista (realizada en el 2012 por el DailyMail) Dave Hickey expone algunos planteamientos cuyo «riesgo subliminal» podría consiste en reforzar algunos de los prejuicios más extendidos popularmente en contra de las producciones creativas de la escena contemporánea. Prejuicios que podrían resumirse bien en algunas declaraciones tan comunes como “el arte contemporáneo no es arte”, o “el mal llamado arte contemporáneo no es más que una pose”, o también “¿eso es arte? Mi sobrino de 6 años podría hacerlo mejor”. Incluso “¿Quién podría pagar tanto dinero por semejante adefesio?”.
Sin embargo, Hickey mismo admite hasta cierto punto un grado de responsabilidad en el origen de esta clase de percepciones: “Editores y críticos de arte – gente como yo – nos hemos convertido en una suerte de cortesanos”.
Cortesanos que, según su criterio, han jugado por muchos años a convertirse en jueces y verdugos al momento de admitir “la grandeza”, la relevancia o la validez (sobre todo esa palabra) de alguna producción creativa dentro del mundo de las artes plásticas.
Y es en este punto en el que dejamos al crítico y comenzamos entonces a preguntarnos. A inquietarnos nosotros mismos por la verdadera noción de lo que entendemos como la “ética de la crítica estética”.
El artista es también todos los hombres, y la obra de arte un grito de rebeldía
Sobre todo por el descrédito mismo en el que han caído tanto la crítica como el arte mismo. Un descrédito académico y popular. Un descreimiento en lo que, por mucho tiempo, ha terminado por ser visto como un ejercicio esnob. Un placer burgués incomprensible; elevado por la gracia del lenguaje a las alturas olímpicas; radicalmente separado de la banal superficie que habitamos los simples mortales.
Sin embargo, tenemos que plantear algunas líneas rojas; analizar, diseccionar aspectos, separar conceptos y distinguir claramente las diferencias. Tenemos que comprender y sobreponer la creación artística a los efectos que se producen a su alrededor. Entender que el arte como fenómeno no es lo mismo que “el mundo del arte” como accidente. Que un artista no es un ser excéntrico, pretencioso ni mucho menos un esnob disociado, y que la crítica de arte es un esfuerzo valioso, no supeditado necesariamente a los dictámenes de la comercialización, venta, o subasta de obras.
Así, nuestra inquietud consiste más que nada en plantear estas líneas, una suerte de derrotero para entender y ejercer la crítica de arte como manifestación de una búsqueda y una inquietud que iremos planteando en una serie de artículos para no convertir éste en un ejercicio tedioso.
Estas son la raíz de nuestras inquietudes… Este es nuestro esfuerzo comprensivo:
1) La crítica de arte tendría que ser también una búsqueda de sentido.
2) La crítica de arte tendría que proponerse como “una ética de lo estético”.
3) La crítica de arte tendría que ser también una “pedagogía del arte”.
4) La crítica de arte no podría ser entendida como fuente autorizada en la asignación de valores y montos económicos frente a la obra de arte.
5) La crítica de arte no puede entenderse a sí misma como una pretensión de verdad, sino como un esfuerzo, un ejercicio de honestidad intelectual frente al sentido de la obra de arte.
6) A la crítica, tanto como al artista, les corresponde un “campo de anonimato” que no tiene ninguna relación con el presente (ni con el futuro) sino con el sentido.
1) La crítica de arte tendría que ser, también, una búsqueda de sentido.
Tal vez de manera un tanto escueta y también para no extender demasiado un asunto que, si bien resulta apasionante y absolutamente necesario no podemos abordar completamente en un artículo, tendríamos que delimitar también la noción del arte dentro un definición simple: El arte como fuente de sentido. O mejor, la obra de arte como el interrogante de un hombre (un artista) por su destino -por su propia razón de ser- que se traduce necesariamente en la pregunta de toda una civilización, de toda el componente de humanidad que nos toca, acerca de nuestro propio sentido.
Así, el artista es también todos los hombres, y la obra de arte un grito de rebeldía; la manifestación tangible de un artista contra el azar y la angustia de saber que vive para la muerte. Un ser y una vida que -como la de cualquiera de nosotros- si bien parecen innecesarios, absurdos o irrelevantes, están ahí. Una vida que subsiste en su propio accidente y nulidad. Que persiste en su inquietud elemental: “¿Para qué?”
La certeza de la muerte nos entrega en los brazos del arte como paliativo, pero también como rebelión.
Si la obra de arte se resiste a la nulidad y el artista mismo resiste contra la “irrelevancia” del destino humano. ¿Por qué el crítico de arte no habría de hacer también lo mismo?
La crítica de arte tendría que ser también una forma de resistir la insignificancia de una vida condenada a ser un accidente innecesario, y el crítico de arte tendría que ser también un nómada del sentido… Pero no un mercader del “valor” monetario de la obra de arte. No un cortesano del establecimiento mercantil de subastas e inversiones. No un consejero cuya opinión autorizada impulse o destruya carreras.
La crítica del arte tendría que servir como inquietud, y no como certeza. Como fuente que inspire una búsqueda en relación con una obra de arte que es al mismo tiempo un signo que no puede ser completamente aprehendido ni radicalmente diseccionado. La crítica tiene que ejercer como indagación y al mismo tiempo tiene que arriesgar sentidos. Decantarse hacia una comprensión del objeto de arte y no simplemente hacia su enumeración o valorización. Abrir las puertas a la duda y la inquietud y provocarlas en su auditorio, no importa si es minúsculo, futuro o imaginario.
La crítica de arte tendría que tender un puente. Servir como interlocutor entre la obra y el espectador. Y así mismo, impulsar al espectador a arriesgar un sentido en el que él mismo está reflejado. Sobre todo porque comprender una obra no es apropiarla, ni agotarla en una sola tirada de dados que definan de una vez y para siempre un sentido absoluto y unívoco. Cada hombre ejerce una mirada, y de su mirada (que es también él mismo poniéndose en juego al mirar) se desprende una inquietud que la obra le devuelve como un espejo: Indagar por su sentido implica también indagar por todos los sentidos. Por el suyo propio, como espectador. Por sus semejantes. Por el mundo en el que vive. Por sus relaciones, sus certezas, sus dudas o su manera de amar.
El arte resiste a las “verdades” porque abraza con fuerza la hermosa -la frágil- ridiculez de la vida…
La innecesariedad del arte corresponde a la falta de necesidad de la vida… Pero ¿quién quiere vivir sin arte, sin música, sin teatro, sin cine o sin literatura? Lo que hace urgente al arte radica en su absoluta “inutilidad biológica” -por así decirlo-. La certeza de la muerte nos entrega en los brazos del arte como paliativo, pero también como rebelión.
La certeza de la muerte nos devuelve el arte como fuerza y amplificación de la vida en todo lo que tiene de bella, pero también en todo aquello que la hace horrorosa.
Contrario a la religión, el arte no quiere esperanza.
En el paraíso -donde todo está dicho- no cabe la obra de arte.
No hay lugar en el cielo de las certezas y las verdades para la maquinaria de guerra de la duda, para la rebeldía de los incompletos.
El arte resiste a las “verdades” porque abraza con fuerza la hermosa -la frágil- ridiculez de la vida…
La crítica tendría que ser una manera de desestratificar todo lo que hay de industria y profit en el submundo del arte. Replicar lo que hay allí como fuerza y amplificación de la vida.
La crítica de arte tendría más bien que poner en juego la inquietud por la obra como signo y pregunta. Como espejo de nuestros dramas. Como invitación. Como riesgo. Como pasión y como encuentro. Todo lo contrario a la mercantilización del arte como subasta, inversión y pauperización del signo y caricaturización de su denuncia.
NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
Kolja Tatic, arquitecto, pintor e ilustrador digital de origen serbio, es el encargado de modelar con una pasión obsesiva estos paisajes delirantes y magníficos.
Lugares que traen a la memoria -él mismo reconoce sus influencias- a Giorgio de Chirico y a Dalí.
¿Y nosotros? traductores aficionados de un mundo al que sólo se puede acceder en silencio…
Sin embargo, no sólo nos encanta su obra, sino también la naturalidad con la que aborda el asunto de la creación artística: Con la pasión del silencio y la quietud. La de quien -como decía Van Gogh- trabaja sin tregua ni descanso.
Es la actitud de quien reconoce en el arte, no un simple entretenimiento, sino la virtud de un trabajo. De un esfuerzo. De una tenacidad.
Un agente a través del cual se manifiesta -en todo su esplendor- el asombro.
Puedes visitar el sitio web de Kolja Tatic (vale el asombro la hermosa sorpresa) así como su portafolio en DeviantArt
P.D. Si te quedas «estancado» en el laberinto, sólo tienes que dar click en «retroceder»…
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El secreto del eterno retorno consiste en que no expresa de ninguna manera un orden que se oponga al caos y que lo someta. Por el contrario, no es otra cosa que el caos, la potencia de afirmar el caos.
Gilles Deleuze
El purismo sólo queda bien para el espíritu del coleccionista. Una cierta compulsión por conservar, por acaparar el sentido bajo un significante definitivo. Perentorio. Monolítico e indesplazable.
Y sabemos de sobra que la naturaleza del sentido es su movilidad…
¿O conservamos aún lo que entendíamos por la vida cuando teníamos -digamos- 14 años?
Si el arte cesa de hacerse inquietud (búsqueda-cuestión) tendríamos entonces qué hacer duelo por la creatividad, el asombro y la imaginación.
La obra de arte es tal en cuanto signo-símbolo de un lenguaje que ignoramos y aún así nos interroga. Como una astilla en los ojos, nos devuelve la mirada con una pregunta.
Los artistas del GIF, o mejor, el GIF como obra de arte (no como producto de entretenimiento masivo) acoge la novedad tecnológica como una herramienta de trabajo, una plataforma sobre la cual se expande la inquietud constante -la obsesión inevitable- por el asombro como búsqueda de sentido.
Te presentamos entonces una selección de artistas GIF para que sigamos diciendo #creemosenelasombro
DENNIS RICHTER
Diseñador, ilustrador y artista digital de origen alemán. En algunos de sus proyectos GIF destaca la ironía como una especie de protesta sutil contra el poder y la manipulación.
Carl Burton es, hasta cierto punto, un viejo conocido en Bifrontal. Ya hemos tenido la ocasión de presentar uno de sus cortos («Shelter«) y nos parece que lo que hace maravilloso a su trabajo es precisamente la tranquila delicadeza con la que logra desbordar nuestra imaginación.
Nicolas Monterrat es un artista, ilustrador y diseñador francés que logra darle una «nueva vida» a imágenes vintage gracias a su agudo sentido de la imaginación. Piezas visuales para tocar las fibras de la nostalgia y el buen humor.
Kidmograph (cuyo verdadero nombre es Gustavo Torres) es un animador digital autodidacta y artista GIF de origen argentino, quien apuesta por una imaginación que se desborda a sí misma. Piezas visuales que median entre diversos futuros distópicos y fascinantes y -en algunas ocasiones- una asombrosa inquietud por el papel de la identidad.
Aryel Huckaby (Nadrient). Artista GIF, diseñador, ilustrador y animador digital que parece explorar a través de sus piezas gráficas una inquietante fascinación por las posibilidades de cuerpos no-humanos. Espacios y tiempos distópicos donde los límites entre hombre-cuerpos y máquinas parecen diluirse tranquilamente.
Bill Domonkos, además de su faceta como artista GIF, es un cineasta. Sus producciones llevan la nostalgia de la imagen-movimiento hasta la frontera de lo posible. Allá donde el sueño y el símbolo se transforman en lo único real.
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De Argia, desde aquí arriba, no se ve nada; hay quien dice: Está allá abajo— y no queda sino creerlo; los lugares están desiertos. De noche, apoyando la oreja en el suelo, a veces se oye una puerta que golpea.
«Las ciudades y los muertos. 4» – Italo Calvino
Lo triste de la vida no es imaginar (habitar un mundo propio a través del arte, la música o la literatura).
Imaginar es sólo medianamente triste. Nostálgico a su manera.
La vida del soñador es el relato de un ser dividido. Y los divididos cargan con el peso de su carencia: la imposibilidad de su plenitud.
Pero no es triste imaginar. Ni andar dividido por el mundo.
El que acostumbra sus ojos a lo real se hace tan leve, tan insoportablemente plano, que sólo le aguarda la muerte…
Quien sueña -quien imagina- sabe hacerse inmortal a su manera.
Disfruta las poderosas imágenes de Jie Ma, artífice de mundos que sólo los divididos (los escindidos por su propia imaginación) podrían habitar.
Acompaña tu viaje con algunos fragmentos -muy apropiados para la ocasión- de «Las ciudades invisibles», de Italo Calvino.
Si al tocar tierra en Trude no hubiese leído el nombre de la ciudad escrito en grandes letras, hubiera creído llegar al mismo aeropuerto del que partiera. Los suburbios que tuve que atravesar no eran distintos de aquellos otros, con las mismas casas amarillentas y verdosas. Siguiendo las mismas flechas se contorneaban los mismos canteros de las mismas plazas. Las calles del centro exponían mercancías, embalajes y enseñas que no cambiaban en nada.
Era la primera vez que iba a Trude, pero conocía ya el hotel donde acerté a alojarme; ya había oído y dicho mis diálogos con compradores y vendedores de chatarra; otras jornadas iguales a aquélla habían terminado mirando a través de los mismos vasos los mismos ombligos ondulantes.
¿Por qué venir a Trude? me preguntaba. Y ya quería irme.
Puedes remontar el vuelo cuando quieras— me dijeron—, pero llegarás a otra Trude, igual punto por punto; el mundo está cubierto por una única Trude que no empieza ni termina, sólo cambia el nombre del aeropuerto.
El que llega a Tecla poco ve de la ciudad, detrás de las cercas de tablas, los abrigos de arpillera, los andamios, las armazones metálicas, los puentes de madera colgados de cables o sostenidos por caballetes, las escalas de cuerda, los esqueletos de alambre.
A la pregunta: —¿por qué la construcción de Tecla se hace tan larga?— los habitantes, sin dejar de levantar cubos, de bajar plomadas, de mover de arriba y abajo largos pinceles: —Para que no empiece la destrucción —responden.
E interrogados sobre si temen que apenas quitados los andamios la ciudad empiece a resquebrajarse y hacerse pedazos, añaden con prisa, en voz baja: —No sólo la ciudad.
Si, insatisfecho con la respuesta, alguno apoya el ojo en la rendija de una empalizada, ve grúas que suben otras grúas, armazones que cubren otras armazones, vigas que apuntalan otras vigas.
¿Qué sentido tiene este construir?—pregunta—. ¿Cuál es el fin de una ciudad en construcción sino una ciudad? ¿Dónde está el plano que siguen, el proyecto?
Te lo mostraremos apenas termine la jornada; ahora no podemos interrumpir —responden.
El trabajo cesa al atardecer. Cae la noche sobre la obra en construcción. Es una noche estrellada.
Puedes seguir el magnífico trabajo de Jie Ma en su sitio web y sus redes sociales: Behance, Facebook.
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“Mujer” es un cuerpo hecho más de significantes que de significados. Todo en ella es un signo que remite a otro signo. Y al deseo de un signo. Y a la imposibilidad de llenar completamente un signo.
Tal vez «Mujer» no es un género sino una especie.
Todo pasa en el cuerpo. Dentro del cuerpo. A través del cuerpo. Sobre el cuerpo…
«Mujer» es el signo de un cuerpo que acontece y sucede también en la memoria de un rostro, y lo que un rostro dice.
En las manos que obsequian y que se rebelan. Que cuidan y que crean.
LUCY JANE PURRINGTON
«Prefiero que las imágenes hablen por sí mismas. Asisto a la universidad para estudiar artes fotográficas. La mayor parte de mi tiempo estoy ocupada haciendo cursos o en el cuarto oscuro (¡sí, todavía existen!) así que me queda muy poco tiempo para disparar tomas en este momento. Tristemente».
También conocida como «Witchoria», es diseñadora gráfica radicada en Brooklyn, Nueva York. Trabaja principalmente en el ámbito digital y la creación de manipulación de fotos surrealistas que reflejan su inclinación por el tedio, las crisis existenciales, y la angustia. Su trabajo ha aparecido en una variedad de publicaciones digitales, incluyendo Wired, Juxtapoz, Huffington Post, Cosmopolitan y Business Insider.
No hay pasado que no sea también un presente dividido en múltiples direcciones.
Y son todas y ninguna. Al mismo tiempo. Desde todos los sentidos.
«Mujer» es el cuerpo de un interrogante. La insistencia de un lenguaje -una fantasmagoria, que domina con maestría- y un signo de algo que se ve, se huele, se toca, se besa, se odia, se ama, se destruye, se reconstruye. Crece en las inmediaciones. Desde el borde del abismo.
No es «La mirada de la mujer» sino, «Lo mirado de la mujer».
Lo que ella registra en su cuerpo.
Lo que marca en la memoria de su piel. Y sus huesos.
El pelo, las uñas y los intestinos.
La mujer ve también con las manos. Y es capaz de escuchar allí donde un hombre sólo puede ver con sus ojos -los muy ciegos-.
En el hombre todo es ridículo… Si existe A, considera entonces que B es imposible.
El hombre es una marca, un territorio, un catálogo distribuido bajo una lógica simplista. Perversa como un niño…
«Un día volví de la universidad y tenía alrededor de 2.000 visitas. ¡No lo podía creer! Pero luego el número se mantuvo y siguió subiendo desde entonces. Se siente muy raro. Desde esa foto todo se volvió muy extraño. He tenido muchas más visitas frente al resto de mi trabajo, lo cual es muy agradable».
Estudiante de «Historia del Arte» en Alemania. Sus fotografías y habilidad para la edición son completamente autodidactas. Como ella misma dice «Siempre hay grandes sombras allí donde brilla la luz»
Síntoma es la obsesión de catalogar. El poder de encerrar. El deseo de agenciar -como un sacerdote- el deseo ajeno.
«Mujer» no es síntoma, ni pecado, ni lujuria, ni brujería.
No es «ser mujer», sino un puro devenir…
Desde la tierra. En la espina dorsal del universo.
#creemosenelasombro
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