En este mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende.
Pedro Calderón de la Barca
No hay mentira en el arte. Tal vez en eso se equivocaba Platón al repudiar la poesía.
La construcción de un mundo ajeno a lo cotidiano no es un plan de evasión. Es más bien la fundación o la continuación de una manera propia de ejercer la vida.
Es también una continuación de la soledad y al mismo tiempo una forma de acceder a una verdad que no tiene ninguna relación con lo rutinario: asistir todos los días a una oficina o gastar media vida dentro de alguna institución educativa.
Lo que el artista crea es un plan de desterritorialización dentro del cual no tiene cabida lo mundano más que como una intensidad o una exploración de intensidades.
La mentira no es más que una fabulación deliberada, un engaño dirigido a la tergiversación de la realidad.
Todo lo contrario, el artista crea un mundo diferente. Un territorio adecuado a su soledad tanto en este mundo como en el que él mismo imagina…
Filip Hodas es un joven artista y diseñador checo (tan sólo tiene 24 años) y lo que pone en escena son los territorios más fértiles de la imaginación. Una estética de la soledad donde no cabe lo mundano más que tangencialmente.
Edificios y formas surreales. Aptos para alejarse (ojalá por mucho tiempo) de la falsa realidad de la rutina.
NOTA: “Revista Bifrontal” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos. Los créditos respectivos son enlazados a los sitios web del autor o autores propietarios de las mismas.
El azar no es más que la medida de la ignorancia del hombre
Henri Poincaré
Tal vez no existe el tiempo sino un efecto gravitatorio. Una fuerza o atractor que impulsa una serie de eventos que bajo ninguna circunstancia son aleatorios, sino diferentes en intensidad.
Cada evento es el resultado de una afección previa y consecuentemente, causa de una afección posterior.
Y en medio sucede lo que llamamos realidad como conjunto de dos sistemas complejos a los que, por pragmatismo lingüístico conocemos como tiempo y espacio.
Pero no dejan de ser “sistemas” que dependen de un conjunto inaprensible de causas y efectos que afectan y son afectados entre si, generando nuevas causas y nuevos efectos que probablemente (considerado un plazo infinito) ya han sucedido alguna vez o posiblemente vuelvan a suceder (muchos eones después).
Sin embargo, teniendo como circunstancia atenuante la imposibilidad humana de considerar lo infinitamente pequeño o lo infinitamente grande, el espectro de nuestra percepción sólo puede abstraerse hasta los accidentes y circunstancias que se corresponden con nuestro “tamaño” dentro del universo.
Julius Horsthuis es un artista digital y diseñador de efectos visuales de origen holandés que por medio de un arduo trabajo de exploración y experimentación ha logrado crear estas magníficas piezas. Pequeños universos que parecen prefigurar un caos fractal.
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La voz ha tomado más cuerpo…¡Ha tomado más de tu cuerpo!
Se quedó a dormir -«¿Acaso duerme?»- en los pliegues de tu barriga.
Una mañana despiertas. Ha tomado tu ombligo. Y tiene rostro ahora. Se desplaza. Sube por las costillas y se sienta a mirarte al espejo mientras te lavas los dientes…
Y no para de hablar.
Cada vez resulta más difícil escucharte a ti mismo. La negación de su presencia -que ya no se puede disimular- es impensable.
Algunos días te deja heridas. Te marca -como una res-. Colonizándote:
Mattis Dovier, dieñador gráfico, ilustrador y animador de origen francés, nos trae esta inquietante pieza visual. Un breve y siniestro viaje al interior que nos acerca de manera gráfica al mecanismo, al funcionamiento mismo de la psicosis como desencadenamiento, escisión y disolución de la personalidad.
«Inside», una impresionante novela gráfica en 8-bits realizada como comisión para «Channel 4. Random Acts».
La traducción al español fue un magnífico aporte de «La Horca«.
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Lo real es tan difuso, tan inconvenientemente ininteligible, que lo único que nos queda a la mano no es más que la sutil frontera del lenguaje -o la imaginación-.
Un horizonte de sucesos hacia el cual nos dirigimos como si se tratara de un oasis en medio del desierto.
¿Qué crees que verías si pudieras contemplar la inconmensurabilidad de lo real?
Vivimos el simulacro. La minúscula parcela que nos corresponde.
Vivimos nuestro cuerpo, y lo que imaginamos de nuestro cuerpo. Lo que decimos -y lo que dicen- de nuestro cuerpo.
Un universo de distancia media entre tú y yo. O entre tú y cualquier otro.
El espejo está muy cerca, pero jamás podrás llegar del otro lado…
«Shelter» una magnífica pieza visual del artista y animador digital Carl Burton. Una odisea del sentido inverso -que no es el sinsentido, sino la paradoja-
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Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios; pero tú, que estuviste siempre bien, no sientes nada de tu creación. ¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!
La «ceguera» es, por excelencia, el síntoma de quien definitivamente no quiere ver más allá de lo que su empobrecida visión le permite contemplar.
Nos han traído -sordos y «estúpidos»- a un mundo suicida y desquiciado.
Somos el plato predilecto del consumo. De la represión. Del miedo y de la angustia…
«Siéntate» – «Compórtate correctamente» – «Ve a la escuela» – «Busca un trabajo» – «Conoce al amor de tu vida» – «Cuida tu figura» – «¿Para cuándo los hijos?» – «Asiste al culto los domingos» – «No hay lugar como el Caribe para gastar tu triste quincena vacacional…»
Terminamos siendo, con lo años, el cáncer del cáncer de la «civilización»…
Nosotros. La gangrena impasible. El consumo siniestro. La angustia destilada, administrada en dosis dementes por los entusiastas del «welfare estate».
¿Dices o eres dicho?
¿Deseas o eres deseado?
Es decir ¿Deseas realmente, o sólo ejecutas (a distancia) el deseo de algún otro?
¿La vida que llevas es la vida que quieres o solamente te ajustas la máscara y asumes el papel?
¿La pregunta te ofende? También los espejos…
Pero disculpa, no podemos hablar más claro. Si no preguntamos no obtenemos respuestas…
No lo olvides: «Símbolo» no implica una «deliberada manera de ocultar información». «Símbolo» es tan sólo una pregunta que busca viralizar la inquietud…
Permítete -por un momento- el contagio de la duda y el breve malestar de no saber a dónde va todo esto…
Disculpa, no podemos hablar más claro…
¿Has notado ya que la rutina se compone precisamente de todo eso que damos por sentado?
No lo olvides: El peligro de asumir -de dar por hecho y suponer- es que todo lo que nos interpela termina convirtiéndose en paisaje…
Interpretar no es producir o exagerar un «concepto elaborado». Interpretar es formular una pregunta que no cesa de repetirse con la tenacidad de una obsesión; fundamentar un sentido mientras se propone una pregunta. Es decir, producir una búsqueda de sentido que sólo subsiste en la inquietud que genera.
Interpretar «no es saber ni ignorar, sino buscar, y uno no busca sino cuando ya ha hallado lo mínimo envuelto -signo- que arrastra al pensamiento en un movimiento de búsqueda».
(El texto original -de Francois Zourabichvili sobre Deleuze- dice «Pensar» en lugar de «Interpretar», pero la paráfrasis funciona)
Dinos ¿qué otra cosa es un símbolo -un signo- más que un interrogante?
Necesitamos «símbolos» que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos. Símbolos que nos haga sentir desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un símbolo debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros.
Y podríamos perfectamente alterar la frase y hacerle decir lo que en verdad dijo… Reemplazar la palabra símbolo por libros; y también por arte; y también por filosofía o ciencia…
Dinos: ¿Has escuchado hablar alguna vez de «I, pet goat II» («Yo, Cabra-Mascota II»)?
Esta es nuestra interpretación de ese símbolo… (¿Ya ves que no era tan difícil ejercer la paciencia mientras subía el telón?)
Pero más allá de la multiplicidad de interpretaciones que hizo estallar (algunas «traídas de los cabellos» y otras bastante sólidas) nos inquieta como resonancia de una clave que contiene un llamado a «DESPERTAR»…
Occidente ha banalizado tanto los símbolos -los arquetipos- que ha logrado desplazarlos de su lugar como interrogante y los ha convertido en cliché -simulacro de respuesta- ante una pregunta que no puede ser llenada, masificada, vendida ni mucho menos comprada.
¿Te resulta familiar el concepto «auto-ayuda»?…
Dirás entonces ¿Y cuál es, pues, la dichosa pregunta a la que responde ese «simulacro de respuesta»?
Es simple…
¿Has notado el impresionante crecimiento de la ansiedad/angustia por buscar en cábalas, zodiacos de revista para señoritas y «test de personalidad» la respuesta a la pregunta por la identidad?
¿Quiénes somos?
¿Y crees, por remota casualidad, que vas a encontrar la respuesta en el fondo de una caja de cereal? ¿Cosmopolitan? ¿Netflix? ¿Un cuestionario en Facebook o una «selfie» en Instagram?
«Cuerpo sin órganos» como manera de ejercerse a sí mismo -a su propio deseo- sin la atadura de discursos de poder dictatoriales: Religión, política, consumo, entretenimiento, patrones de bienestar, gurús de la buena salud (mental/corporal/espiritual). Y así sucesivamente…
De ahí la pregunta: ¿Dices o eres dicho? ¿Deseas o eres deseado?…
¿La vida que llevas es la vida que quieres o solamente te ajustas la máscara y asumes el papel?
Hacerse a un «cuerpo sin órganos» implica una reorganización del trajinado «Conócete a ti mismo» socrático… Sólo que la contemporaneidad tendrá que ajustarlo al «Conoce lo que deseas…»
Un «cuerpo sin órganos» requiere que conozcas con claridad la abismal diferencia entre «LO QUE DESEAS» y LO QUE EL «OTRO» (fantasma/poder dictatorial) DESEA HACERTE DESEAR…
Un «cuerpo sin órganos» como agenciamiento de tu propio deseo. De lo que buscas (aún sin saberlo). De lo que quieres ser (aún sin tener la más remota idea).
¿De qué se trata entonces?
De asumir el viaje. El peligro. La exposición a todos los encuentros y todas las pasiones. En suma, la METAMORFOSIS de ti mismo…
Como la figura del «Cristo» -que tampoco es un Cristo propiamente dicho- cruzando el río de los muertos… Como un «Ra» navegando la barca solar… Dejarse morir para volver a nacer… Cruzar la noche para encontrar -otra vez- el día… Mirar como caen -al final- los imperios y las mentiras…
-¿Qué gracia tendría esta vida si uno siempre fuera el mismo?-
Dejar de ser el que creías y comenzar a ser lo que aún no sabes que serás…
Agenciar el deseo hasta liberarte del deseo del «Otro»: El que te manipula para que creas. El que te seduce para que lo sigas. El que te promete libertad y -secretamente- te esclaviza. El que te «regala» el cielo sólo para que lo elijas. El que banaliza tu resistencia y te convence de que no vale la pena. El que te mira a los ojos -sonriendo- mientras te apuñala. El que te contagia de angustia mientras reprime una carcajada. El que te vende quimioterapias mientras se burla de tu enfermedad. El que ha hecho de tu entretenimiento una industria. El que te castiga mientras goza…
Hacerse a un «cuerpo sin órganos» es también ejercer activamente una muerte y un olvido…
Dejar que muera la idea que tienes de lo que es tu «identidad». Olvidarla en medio de todos los encuentros. Convertirte en potencia de todas las pasiones…
Exponerte a transformarte en otra cosa. Dejar de decir: «YO SOY» y comenzar a tatarear «DEVENGO…»
¿Devenir qué?
Lo que verdaderamente deseas -muchacho-…
¿Has escuchado mencionar la frase: «Atrévete a servirte de tu propia razón»? Para hacerte a un «cuerpo sin órganos» tendría que decir: «Atrévete a desear por ti mismo…»
A manera de «regalo sorpresa», mira este magnífico vídeo de «Tool». Las referencias simbólicas son similares…
Te invitamos a visitar el sitio web de Heliofant. Aquí encontrarás diversas explicaciones relacionadas con la simbología referida en el corto. Así como «pistas» y otros detalles coquetos.
¡Disfruta la experiencia!
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