Nos parece que vivimos en un insignificante planeta de una triste estrella perdida en una galaxia, metida en una esquina olvidada de un universo en el que hay muchas más galaxias que personas.
Carl Sagan
No lo sabemos todavía, pero tenemos la eternidad al alcance de la muerte…
No es la conciencia, ni mucho menos la memoria.
Somos más que eso; pero a eso que nos compone más allá de la identidad no le hacemos caso. Nos resulta irrelevante.
Todo en nosotros viene de un tiempo remoto. Antes de todo tiempo incluso.
Más allá de la identidad, fue primero un cuerpo oscuro formado con la materia de la que están hechas las novas distantes y el tiempo mismo.
La memoria es solamente un accesorio pasajero.
También nuestro nombre; pero a eso que nos compone más allá de la identidad no le hacemos caso…
Así, mientras aguardamos la eternidad que no sabremos nos queda la vida. Y un poco también el arte, que resiste la muerte y prefigura el infinito.
Iosonof (cuyo verdadero nombre es Federica Caglioti) es una escritora y diseñadora gráfica de origen italiano. Toda su obra parece recorrida por la obsesión de ocultar, hacer a un lado la identidad para sobreponer la hermosa simplicidad de lo natural. Sin duda, haría falta todo un articulo para hacerle justicia a una producción gif mucho más compleja que esta reseña.
Rasalo (alter ego de Rafa Santiandreu) es un artista visual y diseñador gráfico español. De su trabajo se desprende sobre todo un gran sentido del humor. Podríamos decir, incluso, que en sus gif reside lo inesperado. Sutiles manipulaciones que magnifican y amplían el sentido de todas las obras de arte (clásicas y «callejeras») que interviene con mordacidad e ironía.
Todo pasa en el cuerpo. Dentro del cuerpo. A través del cuerpo. Sobre el cuerpo… Y sin embargo, es el cuerpo lo que desconocemos. La memoria que no es nuestra y de la cual tampoco nos percatamos porque todo lo que la compone nos viene dado de antemano desde lo más remoto. Podríamos decir que Adam Pizurny (Diseñador de origen checo) representa aquí una gran exploración de las posibilidades plásticas de los cuerpos a través del gif. Su habilidad expresiva radica sobre todo en lo inverosímil. En el asombro que produce ese gran desconocido que nos compone sin saberlo.
El que acostumbra sus ojos a lo real se hace tan leve, tan insoportablemente plano, que sólo le aguarda la muerte…
Por eso tal vez sorprende tanto que este diseñador y artista visual de origen esloveno logre convertir lo cotidiano (lo aparentemente simple y llano) en una oda a lo leve cuyo término no es más que el asombro mismo.
“Mujer” es el cuerpo de un interrogante. La insistencia de un lenguaje -una fantasmagoria, que domina con maestría- y un signo de algo que se ve, se huele, se toca, se besa, se odia, se ama, se destruye, se reconstruye. Crece en las inmediaciones. Desde el borde del abismo.
Xaviera López, ilustradora y artista gif chilena que lleva en sus propias manos (en lo que hacen) la semilla y el fruto del asombro.
El ilustrador y artista digital canadiense Phazed (Jean Francois-Painchaud) ha sobrevivido a la mojigatería itinerante de la red no precisamente por la polémica desatada por el erotismo marcado de sus ilustraciones, sino por su maravilloso talento y su preciosa imaginación, fruto de la cual el espectador puede deleitarse en el delicado intimismo de su creación.
NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
El azar no es más que la medida de la ignorancia del hombre
Henri Poincaré
Tal vez no existe el tiempo sino un efecto gravitatorio. Una fuerza o atractor que impulsa una serie de eventos que bajo ninguna circunstancia son aleatorios, sino diferentes en intensidad.
Cada evento es el resultado de una afección previa y consecuentemente, causa de una afección posterior.
Y en medio sucede lo que llamamos realidad como conjunto de dos sistemas complejos a los que, por pragmatismo lingüístico conocemos como tiempo y espacio.
Pero no dejan de ser “sistemas” que dependen de un conjunto inaprensible de causas y efectos que afectan y son afectados entre si, generando nuevas causas y nuevos efectos que probablemente (considerado un plazo infinito) ya han sucedido alguna vez o posiblemente vuelvan a suceder (muchos eones después).
Sin embargo, teniendo como circunstancia atenuante la imposibilidad humana de considerar lo infinitamente pequeño o lo infinitamente grande, el espectro de nuestra percepción sólo puede abstraerse hasta los accidentes y circunstancias que se corresponden con nuestro “tamaño” dentro del universo.
Julius Horsthuis es un artista digital y diseñador de efectos visuales de origen holandés que por medio de un arduo trabajo de exploración y experimentación ha logrado crear estas magníficas piezas. Pequeños universos que parecen prefigurar un caos fractal.
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No eres tu trabajo. No eres cuánto dinero tienes en el banco. No eres el auto que conduces. No eres el contenido de tu billetera. No eres tus malditos pantalones. Eres la mierda obediente del mundo
Tyler Durden
No es seguro, pero es casi cierto que la génesis del dolor recae sobre todo en la ruptura de una ingenuidad primitiva e infantil.
Seguramente no fue fácil darse cuenta de que nuestros padres no eran infalibles ni mucho menos todopoderosos. Que había grietas en su discurso y también en su hacer.
Que probablemente el cielo era un lugar vacío e inútil. Sordo a las súplicas del mundo. Ciego al sufrimiento de los hombres. Indiferente ante la desgracia humana, multiplicada también en el perro de la calle al que seguramente quisiste darle un hogar y no pudiste, o en la súplica del hambriento; en la crueldad de las burlas que soportamos, o peor aún, en todas esas que entregamos a los otros.
Tal vez el dolor si nace, después de todo, de una cicatriz profunda en la piel de la inocencia…
¿Has visto cumplida, siquiera por una vez en tu vida, la ilusión con la que seguramente aguardabas la paz en el mundo? ¿la justicia universal?
Crecer fue darse cuenta de que el nuestro era el sitio predilecto de la atrocidad, la mentira, la manipulación descarada y el dolor. Sobre todo el dolor.
¿Recibiste, siquiera por una vez en tu vida, una respuesta satisfactoria ante tu cándida indignación por la existencia del hambre?
Crecer fue olvidar la belleza, hacerse un lugar en la jauría. Soportar la angustia del alma ante la injusticia. Pulir la indiferencia y ajustarse la máscara para poder sobrevivir en este valle de lágrimas…
Alguna vez tuvimos que separarnos del que fuimos para terminar siendo lo que ahora nos define. Un día hicimos a un lado la inocencia, porque nos pareció inútil oponerle resistencia a este nido de víboras. Y nos fuimos haciendo víboras también nosotros.
No fue posible cambiar el mundo o simplemente nos dimos por vencidos…
Pero sabes bien que la misma pregunta vuelve siempre, y que la cicatriz del dolor se llama indignación.
¿Vale la pena resistir?
Esa es tal vez la pregunta más urgente. La más relevante.
Mr. Robot vale la pena como posible manifiesto de una generación de indignados.
“El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro”
La voz de Juan Rulfo nos parece también una advertencia premonitoria. Nosotros, los estafados por las promesas de la civilización. Nosotros, sumidos en la pesadilla occidental y el marketing de la angustia…
Y en los márgenes de esa civilización van quedando también los desempleados, los desterrados. El que entregó su salud a las grandes farmacéuticas y el que perdió su casa en manos de los bancos… Los refugiados que todavía quieren sostener la fe en un futuro posible mientras occidente les escupe en la cara su propia miseria y les entrega por casa una tumba en altamar.
Fue la ingenuidad la que nos dejó esta cicatriz. Porque nosotros creímos también alguna vez en un futuro posible, pero ese futuro nos lo arrebató la deuda. Nos ilusionamos con un trabajo decente y lo único que nos dieron a cambio, después de haber pasado la mitad de nuestras vidas encerrados en la prisión de las aulas, no fue más que una cajita feliz en McDonalds…
“El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro”
¿Y qué nos queda entonces a nosotros, los olvidados, más que resistir?
Elliot Alderson nos presenta otra cara de la resistencia. Más allá del hacktivismo, lo que nos entrega es a un hombre en los márgenes de lo aceptable, al borde de la máscara social: drogodependiente, esquizoide y paranoico; un cóctel molotov rasgando el telón de las grandes corporaciones que se lucran de nuestra angustia. Porque se hicieron nuestros dueños a través de la deuda; porque les pertenecemos, dependientes incurables de sus maravillosas promesas financieras; Porque nos poseen, juntando millones a través del mercadeo de nuestra necesidad -real o inventada-.
“Fuck Society” dice con toda razón Elliot Alderson -personaje principal de la serie-. Al diablo con esta esclavitud incurable. Que se jodan las iglesias y los estados. Que caiga la mentira y la simulación; el teatro de una vida perfecta, absolutamente imposible, para todos aquellos que no cabemos en esa visión de un paraíso del consumo…
Para nosotros hay muchas cosas valiosas dentro de esta serie. Los sutiles homenajes y las múltiples referencias a grandes del cine como Kubrick (sobre todo en la parte estética y la composición de algunos planos) David Fincher o Scorsesse. Pero también nos interesa porque de alguna forma representa la rebelión del indignado. Porque nos ofrece un panorama incierto: La resistencia contra las manifestaciones de un poder omnímodo, inclasificable, camuflado en los pliegues de la civilización.
“Fuck Society” es el grito de una generación cansada de su propia ingenuidad. ¿Quién no va a estar hastiado de darse golpes contra el muro de lo real?
Nosotros, la generación más preparada de la historia y paradójicamente la peor pagada. La generación de la incertidumbre. La generación del desempleo. La generación de los “okupas” porque no nos alcanza ni para la renta. La generación de la angustia, porque se esperaba demasiado de nosotros. Nosotros, la caricatura de “Mayo del 68” trasladada a las redes sociales.
Y en eso radica tal vez el encanto de esta serie. En la denuncia y en el drama de toda rebelión.
En esta paráfrasis a un texto de Deleuze quisiéramos jugarnos nuestra admiración por esta serie y su invitación a la rebeldía y a la resistencia:
Cuando alguien pregunta para qué sirve la resistencia, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La resistencia no sirve ni al Estado, ni a la Iglesia, que tiene otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La resistencia sirve para entristecer. Una resistencia que no entristece o no contraria a nadie no es resistencia. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene este uso: denunciar la bajeza de la vida en todas sus formas.*
*En el texto original de Deleuze dice «filosofía» en lugar de «resistencia», pero vale la pena la alteración
“Fuck Society…” No somos hackers pero resistimos desde el asombro.
El arte es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza.
Gilles Deleuze
Para nosotros, el asombro es la única fe que nos queda. La única resistencia que podemos ofrecer…
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El secreto del eterno retorno consiste en que no expresa de ninguna manera un orden que se oponga al caos y que lo someta. Por el contrario, no es otra cosa que el caos, la potencia de afirmar el caos.
Gilles Deleuze
El purismo sólo queda bien para el espíritu del coleccionista. Una cierta compulsión por conservar, por acaparar el sentido bajo un significante definitivo. Perentorio. Monolítico e indesplazable.
Y sabemos de sobra que la naturaleza del sentido es su movilidad…
¿O conservamos aún lo que entendíamos por la vida cuando teníamos -digamos- 14 años?
Si el arte cesa de hacerse inquietud (búsqueda-cuestión) tendríamos entonces qué hacer duelo por la creatividad, el asombro y la imaginación.
La obra de arte es tal en cuanto signo-símbolo de un lenguaje que ignoramos y aún así nos interroga. Como una astilla en los ojos, nos devuelve la mirada con una pregunta.
Los artistas del GIF, o mejor, el GIF como obra de arte (no como producto de entretenimiento masivo) acoge la novedad tecnológica como una herramienta de trabajo, una plataforma sobre la cual se expande la inquietud constante -la obsesión inevitable- por el asombro como búsqueda de sentido.
Te presentamos entonces una selección de artistas GIF para que sigamos diciendo #creemosenelasombro
DENNIS RICHTER
Diseñador, ilustrador y artista digital de origen alemán. En algunos de sus proyectos GIF destaca la ironía como una especie de protesta sutil contra el poder y la manipulación.
Carl Burton es, hasta cierto punto, un viejo conocido en Bifrontal. Ya hemos tenido la ocasión de presentar uno de sus cortos («Shelter«) y nos parece que lo que hace maravilloso a su trabajo es precisamente la tranquila delicadeza con la que logra desbordar nuestra imaginación.
Nicolas Monterrat es un artista, ilustrador y diseñador francés que logra darle una «nueva vida» a imágenes vintage gracias a su agudo sentido de la imaginación. Piezas visuales para tocar las fibras de la nostalgia y el buen humor.
Kidmograph (cuyo verdadero nombre es Gustavo Torres) es un animador digital autodidacta y artista GIF de origen argentino, quien apuesta por una imaginación que se desborda a sí misma. Piezas visuales que median entre diversos futuros distópicos y fascinantes y -en algunas ocasiones- una asombrosa inquietud por el papel de la identidad.
Aryel Huckaby (Nadrient). Artista GIF, diseñador, ilustrador y animador digital que parece explorar a través de sus piezas gráficas una inquietante fascinación por las posibilidades de cuerpos no-humanos. Espacios y tiempos distópicos donde los límites entre hombre-cuerpos y máquinas parecen diluirse tranquilamente.
Bill Domonkos, además de su faceta como artista GIF, es un cineasta. Sus producciones llevan la nostalgia de la imagen-movimiento hasta la frontera de lo posible. Allá donde el sueño y el símbolo se transforman en lo único real.
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Lo real es tan difuso, tan inconvenientemente ininteligible, que lo único que nos queda a la mano no es más que la sutil frontera del lenguaje -o la imaginación-.
Un horizonte de sucesos hacia el cual nos dirigimos como si se tratara de un oasis en medio del desierto.
¿Qué crees que verías si pudieras contemplar la inconmensurabilidad de lo real?
Vivimos el simulacro. La minúscula parcela que nos corresponde.
Vivimos nuestro cuerpo, y lo que imaginamos de nuestro cuerpo. Lo que decimos -y lo que dicen- de nuestro cuerpo.
Un universo de distancia media entre tú y yo. O entre tú y cualquier otro.
El espejo está muy cerca, pero jamás podrás llegar del otro lado…
«Shelter» una magnífica pieza visual del artista y animador digital Carl Burton. Una odisea del sentido inverso -que no es el sinsentido, sino la paradoja-
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Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios; pero tú, que estuviste siempre bien, no sientes nada de tu creación. ¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!
La «ceguera» es, por excelencia, el síntoma de quien definitivamente no quiere ver más allá de lo que su empobrecida visión le permite contemplar.
Nos han traído -sordos y «estúpidos»- a un mundo suicida y desquiciado.
Somos el plato predilecto del consumo. De la represión. Del miedo y de la angustia…
«Siéntate» – «Compórtate correctamente» – «Ve a la escuela» – «Busca un trabajo» – «Conoce al amor de tu vida» – «Cuida tu figura» – «¿Para cuándo los hijos?» – «Asiste al culto los domingos» – «No hay lugar como el Caribe para gastar tu triste quincena vacacional…»
Terminamos siendo, con lo años, el cáncer del cáncer de la «civilización»…
Nosotros. La gangrena impasible. El consumo siniestro. La angustia destilada, administrada en dosis dementes por los entusiastas del «welfare estate».
¿Dices o eres dicho?
¿Deseas o eres deseado?
Es decir ¿Deseas realmente, o sólo ejecutas (a distancia) el deseo de algún otro?
¿La vida que llevas es la vida que quieres o solamente te ajustas la máscara y asumes el papel?
¿La pregunta te ofende? También los espejos…
Pero disculpa, no podemos hablar más claro. Si no preguntamos no obtenemos respuestas…
No lo olvides: «Símbolo» no implica una «deliberada manera de ocultar información». «Símbolo» es tan sólo una pregunta que busca viralizar la inquietud…
Permítete -por un momento- el contagio de la duda y el breve malestar de no saber a dónde va todo esto…
Disculpa, no podemos hablar más claro…
¿Has notado ya que la rutina se compone precisamente de todo eso que damos por sentado?
No lo olvides: El peligro de asumir -de dar por hecho y suponer- es que todo lo que nos interpela termina convirtiéndose en paisaje…
Interpretar no es producir o exagerar un «concepto elaborado». Interpretar es formular una pregunta que no cesa de repetirse con la tenacidad de una obsesión; fundamentar un sentido mientras se propone una pregunta. Es decir, producir una búsqueda de sentido que sólo subsiste en la inquietud que genera.
Interpretar «no es saber ni ignorar, sino buscar, y uno no busca sino cuando ya ha hallado lo mínimo envuelto -signo- que arrastra al pensamiento en un movimiento de búsqueda».
(El texto original -de Francois Zourabichvili sobre Deleuze- dice «Pensar» en lugar de «Interpretar», pero la paráfrasis funciona)
Dinos ¿qué otra cosa es un símbolo -un signo- más que un interrogante?
Necesitamos «símbolos» que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos. Símbolos que nos haga sentir desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un símbolo debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros.
Y podríamos perfectamente alterar la frase y hacerle decir lo que en verdad dijo… Reemplazar la palabra símbolo por libros; y también por arte; y también por filosofía o ciencia…
Dinos: ¿Has escuchado hablar alguna vez de «I, pet goat II» («Yo, Cabra-Mascota II»)?
Esta es nuestra interpretación de ese símbolo… (¿Ya ves que no era tan difícil ejercer la paciencia mientras subía el telón?)
Pero más allá de la multiplicidad de interpretaciones que hizo estallar (algunas «traídas de los cabellos» y otras bastante sólidas) nos inquieta como resonancia de una clave que contiene un llamado a «DESPERTAR»…
Occidente ha banalizado tanto los símbolos -los arquetipos- que ha logrado desplazarlos de su lugar como interrogante y los ha convertido en cliché -simulacro de respuesta- ante una pregunta que no puede ser llenada, masificada, vendida ni mucho menos comprada.
¿Te resulta familiar el concepto «auto-ayuda»?…
Dirás entonces ¿Y cuál es, pues, la dichosa pregunta a la que responde ese «simulacro de respuesta»?
Es simple…
¿Has notado el impresionante crecimiento de la ansiedad/angustia por buscar en cábalas, zodiacos de revista para señoritas y «test de personalidad» la respuesta a la pregunta por la identidad?
¿Quiénes somos?
¿Y crees, por remota casualidad, que vas a encontrar la respuesta en el fondo de una caja de cereal? ¿Cosmopolitan? ¿Netflix? ¿Un cuestionario en Facebook o una «selfie» en Instagram?
«Cuerpo sin órganos» como manera de ejercerse a sí mismo -a su propio deseo- sin la atadura de discursos de poder dictatoriales: Religión, política, consumo, entretenimiento, patrones de bienestar, gurús de la buena salud (mental/corporal/espiritual). Y así sucesivamente…
De ahí la pregunta: ¿Dices o eres dicho? ¿Deseas o eres deseado?…
¿La vida que llevas es la vida que quieres o solamente te ajustas la máscara y asumes el papel?
Hacerse a un «cuerpo sin órganos» implica una reorganización del trajinado «Conócete a ti mismo» socrático… Sólo que la contemporaneidad tendrá que ajustarlo al «Conoce lo que deseas…»
Un «cuerpo sin órganos» requiere que conozcas con claridad la abismal diferencia entre «LO QUE DESEAS» y LO QUE EL «OTRO» (fantasma/poder dictatorial) DESEA HACERTE DESEAR…
Un «cuerpo sin órganos» como agenciamiento de tu propio deseo. De lo que buscas (aún sin saberlo). De lo que quieres ser (aún sin tener la más remota idea).
¿De qué se trata entonces?
De asumir el viaje. El peligro. La exposición a todos los encuentros y todas las pasiones. En suma, la METAMORFOSIS de ti mismo…
Como la figura del «Cristo» -que tampoco es un Cristo propiamente dicho- cruzando el río de los muertos… Como un «Ra» navegando la barca solar… Dejarse morir para volver a nacer… Cruzar la noche para encontrar -otra vez- el día… Mirar como caen -al final- los imperios y las mentiras…
-¿Qué gracia tendría esta vida si uno siempre fuera el mismo?-
Dejar de ser el que creías y comenzar a ser lo que aún no sabes que serás…
Agenciar el deseo hasta liberarte del deseo del «Otro»: El que te manipula para que creas. El que te seduce para que lo sigas. El que te promete libertad y -secretamente- te esclaviza. El que te «regala» el cielo sólo para que lo elijas. El que banaliza tu resistencia y te convence de que no vale la pena. El que te mira a los ojos -sonriendo- mientras te apuñala. El que te contagia de angustia mientras reprime una carcajada. El que te vende quimioterapias mientras se burla de tu enfermedad. El que ha hecho de tu entretenimiento una industria. El que te castiga mientras goza…
Hacerse a un «cuerpo sin órganos» es también ejercer activamente una muerte y un olvido…
Dejar que muera la idea que tienes de lo que es tu «identidad». Olvidarla en medio de todos los encuentros. Convertirte en potencia de todas las pasiones…
Exponerte a transformarte en otra cosa. Dejar de decir: «YO SOY» y comenzar a tatarear «DEVENGO…»
¿Devenir qué?
Lo que verdaderamente deseas -muchacho-…
¿Has escuchado mencionar la frase: «Atrévete a servirte de tu propia razón»? Para hacerte a un «cuerpo sin órganos» tendría que decir: «Atrévete a desear por ti mismo…»
A manera de «regalo sorpresa», mira este magnífico vídeo de «Tool». Las referencias simbólicas son similares…
Te invitamos a visitar el sitio web de Heliofant. Aquí encontrarás diversas explicaciones relacionadas con la simbología referida en el corto. Así como «pistas» y otros detalles coquetos.
¡Disfruta la experiencia!
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