La voz ha tomado más cuerpo…¡Ha tomado más de tu cuerpo!
Se quedó a dormir -«¿Acaso duerme?»- en los pliegues de tu barriga.
Una mañana despiertas. Ha tomado tu ombligo. Y tiene rostro ahora. Se desplaza. Sube por las costillas y se sienta a mirarte al espejo mientras te lavas los dientes…
Y no para de hablar.
Cada vez resulta más difícil escucharte a ti mismo. La negación de su presencia -que ya no se puede disimular- es impensable.
Algunos días te deja heridas. Te marca -como una res-. Colonizándote:
Mattis Dovier, dieñador gráfico, ilustrador y animador de origen francés, nos trae esta inquietante pieza visual. Un breve y siniestro viaje al interior que nos acerca de manera gráfica al mecanismo, al funcionamiento mismo de la psicosis como desencadenamiento, escisión y disolución de la personalidad.
«Inside», una impresionante novela gráfica en 8-bits realizada como comisión para «Channel 4. Random Acts».
La traducción al español fue un magnífico aporte de «La Horca«.
NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
“Mujer” es un cuerpo hecho más de significantes que de significados. Todo en ella es un signo que remite a otro signo. Y al deseo de un signo. Y a la imposibilidad de llenar completamente un signo.
Tal vez «Mujer» no es un género sino una especie.
Todo pasa en el cuerpo. Dentro del cuerpo. A través del cuerpo. Sobre el cuerpo…
«Mujer» es el signo de un cuerpo que acontece y sucede también en la memoria de un rostro, y lo que un rostro dice.
En las manos que obsequian y que se rebelan. Que cuidan y que crean.
LUCY JANE PURRINGTON
«Prefiero que las imágenes hablen por sí mismas. Asisto a la universidad para estudiar artes fotográficas. La mayor parte de mi tiempo estoy ocupada haciendo cursos o en el cuarto oscuro (¡sí, todavía existen!) así que me queda muy poco tiempo para disparar tomas en este momento. Tristemente».
También conocida como «Witchoria», es diseñadora gráfica radicada en Brooklyn, Nueva York. Trabaja principalmente en el ámbito digital y la creación de manipulación de fotos surrealistas que reflejan su inclinación por el tedio, las crisis existenciales, y la angustia. Su trabajo ha aparecido en una variedad de publicaciones digitales, incluyendo Wired, Juxtapoz, Huffington Post, Cosmopolitan y Business Insider.
No hay pasado que no sea también un presente dividido en múltiples direcciones.
Y son todas y ninguna. Al mismo tiempo. Desde todos los sentidos.
«Mujer» es el cuerpo de un interrogante. La insistencia de un lenguaje -una fantasmagoria, que domina con maestría- y un signo de algo que se ve, se huele, se toca, se besa, se odia, se ama, se destruye, se reconstruye. Crece en las inmediaciones. Desde el borde del abismo.
No es «La mirada de la mujer» sino, «Lo mirado de la mujer».
Lo que ella registra en su cuerpo.
Lo que marca en la memoria de su piel. Y sus huesos.
El pelo, las uñas y los intestinos.
La mujer ve también con las manos. Y es capaz de escuchar allí donde un hombre sólo puede ver con sus ojos -los muy ciegos-.
En el hombre todo es ridículo… Si existe A, considera entonces que B es imposible.
El hombre es una marca, un territorio, un catálogo distribuido bajo una lógica simplista. Perversa como un niño…
«Un día volví de la universidad y tenía alrededor de 2.000 visitas. ¡No lo podía creer! Pero luego el número se mantuvo y siguió subiendo desde entonces. Se siente muy raro. Desde esa foto todo se volvió muy extraño. He tenido muchas más visitas frente al resto de mi trabajo, lo cual es muy agradable».
Estudiante de «Historia del Arte» en Alemania. Sus fotografías y habilidad para la edición son completamente autodidactas. Como ella misma dice «Siempre hay grandes sombras allí donde brilla la luz»
Síntoma es la obsesión de catalogar. El poder de encerrar. El deseo de agenciar -como un sacerdote- el deseo ajeno.
«Mujer» no es síntoma, ni pecado, ni lujuria, ni brujería.
No es «ser mujer», sino un puro devenir…
Desde la tierra. En la espina dorsal del universo.
#creemosenelasombro
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NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.
Somos, precisamente, la tragedia de la civilización. Su ironía perfecta.
«Es necesario que aprendas a comer de esta forma». «Debes disponer los deshechos de tu cuerpo en este lugar». «Es ilícito amar de otra manera…»
Hay lugares para todo. Y adaptaciones del cuerpo según las circunstancias y los deseos del «Otro». El «Otro-Padre», el «Otro-escuela», el «Otro-fábrica». Sucesivamente…
¿Hay algo a lo que pueda llamar realmente «Mi cuerpo»? ¿Hay un espacio de libertad que no sea solamente este rol corporal impuesto? ¿Algo más allá de este cuerpo anarquía-dictadura que me susurra una oposición violenta y brutal desde sus propios órganos que no son míos?
Nos queda esta escisión -este cuerpo esquizoide, partido, dividido-. Esta masa de órganos que se rebelan y se disponen -como en una batalla- contra «el buen sentido» tan propio de la civilización y la cultura…
Somos, precisamente, la tragedia de la civilización. Su ironía perfecta.
Nos quedan -tal vez- breves esbozos de animalidad a los que consideramos más bien como un residuo molesto. Recordatorio de que un día fuimos libres. Que no existía aún este grillete al que llamamos «cultura». Que algún día renunciamos también a la simplicidad e ingresamos -triunfantes e ingenuos- al laberinto de la angustia que es esta máquina de guerra a la que llamamos civilización.
Pero el cuerpo recuerda todavía. El animal sobrevive a pesar de la ley; contra la ley. Sintomático de la ley. Y en el medio, el despojo de nuestra identidad.
Ya lo hemos manifestado en otras ocasiones. No se puede obligar a una obra a decir lo que nunca dijo. Pero si se deben formular las preguntas y las inquietudes que la obra -en su ejercicio de signo e interrogante- pone frente a nosotros.
La obra escultórica de Antony Gormley resulta inquietante porque interroga -sobre todo- lo que hemos hecho del cuerpo. Porque de alguna forma impulsa la cuestión de una naturaleza dividida -esquizoide- de lo humano.
El hombre en pie de lucha contra sí mismo: Manifestación de una guerra entre lo lícito-permitido por la cultura y aquello ilícito-deseado por el cuerpo.
El cuerpo-grito: al margen de nosotros mismos.
¿Y nosotros? No tenemos más remedio que padecer el deseo en pugna contra lo permitido…
O bien organizar y agenciar nuestra encuentros -nuestro cuerpo y nuestra alegría-. Asumir la suprema conciencia de los afectos (lo que nos afecta) y determinar hasta qué punto hay realmente un sujeto, consciente de que afecta y es -a su vez- afectado.
Que el cuerpo es también una frontera -un lenguaje- que puede diluir sus propios límites en la medida en que se asume la tarea de agenciarse a sí mismo y agenciar sus propios encuentros y afectos.
Nos queda la conciencia de nuestra propia «discapacidad». De nuestra imposibilidad de un retorno a lo animal.
Sin embargo, aún así, tenemos también la obligación de encontrar el espacio para una breve libertad: «Enseñar al cuerpo a vivir su vida. No a salvarla».*
*Paráfrasis de un texto original de Gilles Deleuze
¿Te interesa el trabajo de Antony Gormley? Presta atención a sus palabras…
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Para conocer más de su obra, visita su sitio web AQUÍ
Si te interesan más referencias acerca del problema y la cuestión del cuerpo, mira Aquí y Aquí
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