Categoría: Caligrafías Remotas

  • MEDELLÍN – LA MUERTE ERA UN PARCERO MÁS

    MEDELLÍN – LA MUERTE ERA UN PARCERO MÁS

     

    Yo crecí con miedo, y desde entonces he vivido con miedo. Medellín no ha sido otra cosa más que el carnaval burlesco del horror…


    Uno entiende su historia cuando la relata; y también cuando la escucha en las voces de otros como si fuera un espejo que se mira desde una perspectiva diferente.

    Este ejercicio es la catarsis de un miedo que ha envejecido conmigo y que, paradójicamente, se ha ido renovando en otros; pero en esos otros reconozco una cara conocida que ha mutado en las múltiples máscaras de lo mismo.

    Medellín es un horror que no cesa; la pesadilla informe atrincherada en montañas y barriales, lo que se nombra de pasada en las conversaciones de sala un domingo por la tarde; el reporte de medicina legal, la morgue, las casas de pique, el paraco sin rostro, el atracador que sale a las carreras. La Medellín que llevo conmigo es la que explotaba cada noche; la del Escobar-Demonio que se fue modelando en mi cabeza como un poder maligno, un Satanael que todo lo podía.

    Mi generación y yo nacimos del miedo, del “después de las seis nadie sale”…

    Aquí no hay crónica ni genealogía; no hay propósito más allá de la simple catarsis.

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    La Medellín que llevo conmigo es la que explotaba cada noche; la del Escobar-Demonio que se fue modelando en mi cabeza como un poder maligno, un Satanael que todo lo podía.

    Yo crecí­ con miedo, y desde entonces he vivido con miedo. Medellí­n no ha sido otra cosa más que el carnaval burlesco del horror
    Pablo Escobar
    Yo crecí­ con miedo, y desde entonces he vivido con miedo. Medellí­n no ha sido otra cosa más que el carnaval burlesco del horror
    Pablo Escobar

    La Medellín que llevo conmigo es la que explotaba cada noche; la del Escobar-Demonio que se fue modelando en mi cabeza como un poder maligno, un Satanael que todo lo podía.

    Me viene el recuerdo de “Rodrigo D”. La vi siendo un adolescente pero la viví de oídas. A veces la vi en el atracador de buseta que me apuntó con su mini-uzi por robarme una cadena. La percibí en el capo de la mafia al que asesinaron a dos cuadras de mi casa y del que nunca (hasta ese día) supe nada.

    Y de eso se trata todo este miedo; un sopor kafkiano. Todo este horror me ha sobrevolado siempre como una mala noticia que se espera pero nunca llega.

    O va llegando a traguitos; dosificado, doloroso, punzante, aterrador…

    Muy pocas veces viví el miedo de frente. Siempre fue a cuentagotas. Y es verdad, sobreviví a la explosión de un petardo pero nunca presencié una masacre (por ejemplo). Siempre me pudo más el miedo a la sombra que la sombra misma, así la sombra, en toda la extensión de su realidad, fuera mucho más macabra de lo que jamás pude haberme imaginado.

    Yo crecí con miedo… Y desde entonces he vivido con miedo… Medellín no ha sido otra cosa más que el carnaval burlesco del horror (en todas sus manifestaciones). Ha cambiado el parlache, las preferencias musicales han variado. Medellín fue capital del tango, de la salsa, y después del punk y del metal. Ahora lo es del regguetón…

    Yo crecí con miedo, y desde entonces he vivido con miedo. Medellín no ha sido otra cosa más que el carnaval burlesco del horror…
    Fotografía: Archivo personal de Ramiro Meneses

    Medellín no es una ficción. “Rodrigo D” y “La Sierra”, la repetición incesante de un dolor al que no le pasan los años

    Yo crecí con miedo, y desde entonces he vivido con miedo. Medellín no ha sido otra cosa más que el carnaval burlesco del horror…
    Fotografía: Archivo personal de Ramiro Meneses

    Medellín no es una ficción. “Rodrigo D” y “La Sierra”, la repetición incesante de un dolor al que no le pasan los años

    Pero debajo de la máscara siempre aguarda el mismo terror. Cada vez más frío, más homicida, más punzante.

    Quiero a Medellín, pero le tengo miedo… Mucho miedo.

    Medellín no es una ficción. “Rodrigo D” y “La Sierra”, la repetición incesante de un dolor al que no le pasan los años (únicamente la luz).

    Recuerdo que me alegré el día en que mataron a Escobar. Mi demonio había muerto, y con él (creí ingenuamente) había muerto el miedo.

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    Pero toda infancia es de una ingenuidad falaz. El miedo se dispersó en otras caras. Se hizo fuerte en miedos más distantes e incisivos. Se transformó en milicianos, en convivir. Lo vi repetirse el día en que mataron a Andrés Escobar, uno de los ídolos de mi niñez. O cuando escuché que habían matado a no sé cuántos en no sé qué esquina o taberna. Lo vi muchas veces en el terror a que me confundieran con otro y me pegaran un tiro en la nuca. Porque si; porque “pailas monito”…

    Vi al miedo transfigurarse en militares, toques de queda, en “mijo, le acaban de robar el carro a su tío”.

    El miedo se dispersó en otras caras. Se hizo fuerte en miedos más distantes e incisivos. Se transformó en milicianos, en convivir

    Yo crecí­ con miedo, y desde entonces he vivido con miedo. Medellí­n no ha sido otra cosa más que el carnaval burlesco del horror
    Operación Orión (Medellín) – Fotografía: El 9©
    Yo crecí­ con miedo, y desde entonces he vivido con miedo. Medellí­n no ha sido otra cosa más que el carnaval burlesco del horror
    Operación Orión (Medellín) – Fotografía: El 9©

    El miedo se dispersó en otras caras. Se hizo fuerte en miedos más distantes e incisivos. Se transformó en milicianos, en convivir

    El miedo se repitió en “La trece”; en todas las operaciones “Orión” (conocidas e ignoradas). Lo escuché, acorralado entre el rumor de las “fronteras invisibles”, en el “mataron a un niño porque se quedó dormido en el bus y se bajó en el barrio que no era”.

    Quiero a Medellín… Odio a Medellín… Maldita Medellín, tan víctima y tan victimaria…

    Medellín, a solas contigo… A solas contigo me encantan tus alumbrados, tu metro y tu tranvía… Medellín, a solas contigo me dan miedo tus bestialidades. La crueldad informe que nunca se acaba, no importa qué tan educada, qué tan bonita, qué tan “tacita de plata” te veás.

    Medellín no es una ficción… Aquí no hay quién dure con tanto miedo encima.

     

    #creemosenelasombro

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  • ARCHILLECT – UN ALGORITMO PARA PRODUCIR/RE-PRODUCIR ARTE

    ARCHILLECT – UN ALGORITMO PARA PRODUCIR/RE-PRODUCIR ARTE

    ARCHILLECT: UNA SORPRESA ESTIMULANTE

    Tal y como está concebido, o mejor, tal y como es presentado ante la audiencia, Archillect muestra una de las caras más inquietantes y deliciosas de la red: ese momento de absoluta y endemoniada soledad en el que, con un mínimo de sensibilidad, uno mismo se reconoce radicalmente perdido. Y esto en el mejor de los términos posibles.

    No es fácil hacerse entender rebuscando tanto en el lenguaje, pero no es fácil tampoco hacer claridad frente a las sensaciones propias.

    Volvamos a comenzar. Archillect se presenta como un algoritmo automatizado que indexa imágenes traídas de la red. Parece ser que, bajo unos parámetros de programación determinados, Archillect realiza un proceso de selección y también de curaduría cuyo resultado es un grupo de obras fotográficas (algunas veces también en formato GIF).

    De alguna manera, parece ser un buscador programado para tener una cierta autonomía. El resultado: Tremendamente sorpresivo y estimulante.

    No es la cosificación del arte, y no es tampoco el “cualquiera puede hacerlo”. Es otra cosa. Difícil de definir y de comprender

    archillect architecture abandoned buildings urban exploration brutalism concrete
    Shime-town, Kasuya, Fukuoka, Japan – Vía Archillect
    archillect architecture abandoned buildings urban exploration brutalism concrete
    Shime-town, Kasuya, Fukuoka, Japan – Vía Archillect

    No es la cosificación del arte, y no es tampoco el “cualquiera puede hacerlo”. Es otra cosa. Difícil de definir y de comprender

    ¿ES ARTE?

    Lógicamente las obras son concebidas por fotógrafos humanos (por artistas humanos) pero lo interesante es hacerlos coincidir a ellos y a sus obras en un mismo sitio virtual, aún cuando ellos pudieran no percatarse; aún cuando no se conocen entre ellos o no tienen en común más que una producción que Archillect ha escogido de una forma sutilmente “aleatoria”.

    No es la cosificación del arte, y no es tampoco el “cualquiera puede hacerlo”. Es otra cosa. Difícil de definir y de comprender, pero sigue siendo otra cosa.

    Archillect no es una máquina pensante. O tal vez lo sea, y lo que tenemos que hacer nosotros es redefinir el concepto de lo que llamamos pensamiento (por ejemplo). Llevarlo hasta el límite de sus posibilidades y considerar que tal vez el viejo antropocentrismo moderno ha caído por fin en desgracia, y que lo que realmente importa es el producto terminado, la obra de arte ya “producida” y reproducida por medios no-humanos.

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    Archillect (según esta forma de ver las cosas) no pretende reinventar la rueda. Soy yo quien quiere llevar lo que ésta ha producido más allá, en otra dirección, ya insinuada por este trabajo.

    Hay un pregunta que como mínimo vale la pena realizar. ¿Archillect produce arte al reproducirlo bajo parámetros artísticos? No es Archillect precisamente (la máquina-algoritmo), sino el trabajo que hay detrás de ella. En sí es un trabajo (como mínimo, para los puristas de la crítica de arte especializada) creativo. Crear una secuencia lógico-matemática para inspirar desde lo visual el arranque creativo de otro es, mínimamente, un asunto que vale la pena tener en cuenta.

    La eterna pregunta siempre estará ahí (en el centro de toda discusión sobre lo artístico) dispuesta a ser usada ante cualquier expresión plástica y visual: ¿esto es arte?

    archillect architecture abandoned buildings urban exploration brutalism concrete
    Chair Designed by Stokkeaustad Studio – Vía Archillect

    ¿Archillect es arte porque recrea, porque reproduce, porque automatiza, porque cura y selecciona material de otros?. ¿Archillect produce o copia?, ¿reproduce?

    archillect architecture abandoned buildings urban exploration brutalism concrete
    Chair Designed by Stokkeaustad Studio – Vía Archillect

    ¿Archillect es arte porque recrea, porque reproduce, porque automatiza, porque cura y selecciona material de otros?. ¿Archillect produce o copia?, ¿reproduce?

    UN HORIZONTE HIPER-CONECTADO

    La respuesta no puede ser completamente afirmativa y mucho menos absolutamente negativa. La respuesta tienen que ser más preguntas que respuestas (propiamente).

    ¿Archillect es arte porque recrea, porque reproduce, porque automatiza, porque cura y selecciona material de otros?. ¿Archillect produce o copia?, ¿reproduce?.

    Ciertamente hay una producción. Y no es precisamente la reproducción que vemos en la pantalla del ordenador. Archillect reproduce una búsqueda bajo parámetros específicos y recrea artificialmente un panorama móvil. Es un logro de la ingeniería, pero también lo es del arte.

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    Archillect representa otro panorama absolutamente diferente dentro de lo ya conocido en las artes plásticas y las artes visuales. Lo que hay allí es una pregunta abierta a cualquier crítico, museólogo, filósofo del arte y artista. Un horizonte que no se conocía pero que ya se intuía desde el fenómeno masivo del mundo hiperconectado; la era de internet y las redes sociales.

    Archillect reproduce una búsqueda bajo parámetros específicos y recrea artificialmente un panorama móvil. Es un logro de la ingeniería, pero también lo es del arte.

    archillect architecture abandoned buildings urban exploration brutalism concrete
    Vía Archillect
    archillect architecture abandoned buildings urban exploration brutalism concrete
    Vía Archillect

    Archillect reproduce una búsqueda bajo parámetros específicos y recrea artificialmente un panorama móvil. Es un logro de la ingeniería, pero también lo es del arte.

    Ahí hay un terreno completamente desconocido y absolutamente fértil para poner a prueba los conceptos que tenemos sobre lo que es y no es arte, porque en suma, la pregunta por el arte siempre incluye la pregunta por nosotros como especie y como fenómeno. Y tal vez nuestro concepto sobre el arte, así como el concepto que tenemos de nosotros mismos, sea un concepto que necesita revisión.

    Archillect, en suma, sorprende por lo maravilloso de su producción-reproducción. Míralo, disfrútalo, y comparte tu opinión.

    #creemosenelasombro

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    NOTA: “Bifrontal Editores” no es dueña de las imágenes aquí mostradas. Éstas sólo se usan con fines informativos para nuestra revista digital (revistabifrontal.com). Los créditos respectivos son debidamente anotados con el nombre del autor o autores, propietarios de todos los derechos.

  • EL CORAZÓN DELATOR (O EL OJO DEL MAL)

    EL CORAZÓN DELATOR (O EL OJO DEL MAL)

     

    Todos los peligros se repiten, en particular los malignos.

    Thomas De Quincey


    La pasión por el exterminio no es una potencia exclusiva de tiranos, reyezuelos o dictadores bananeros. No hace falta ser Hannibal Lecter para desear la muerte del prójimo; un jefe insoportable, un vecino abusivo, un conductor desquiciado. Cualquiera de estos personajes podría desencadenar, algún día, una furia asesina capaz de desenterrar en nosotros las pasiones más oscuras y los impulsos más atroces.

    La locura, como sabes, es muy parecida a la gravedad. Sólo hace falta un pequeño empujón.

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    “Madness” – AxohDesigns©
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    “Madness” – AxohDesigns©

    La locura, como sabes, es muy parecida a la gravedad. Sólo hace falta un pequeño empujón.

    Mirar el abismo; contemplar sin miedo nuestra indecible capacidad para el mal. No es fácil, y tampoco sucede en vano. Los ejemplos abundan, y a todos aquellos que se atreven parece que los sobrevuela hasta el final un aura irresistible de tragedia.

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    Llegar al asesinato por razones puramente estéticas… No es tan extraño como suena una vez que uno recuerda, por ejemplo, que en El corazón delator Poe ya lo hizo por nosotros.

    ¿Han probado alguna vez vestir la piel de su protagonista? ¿se han dado cuenta acaso de que no es tan descabellado querer erradicar la maldad que lo acecha a uno desde un ojo “semejante al de un buitre”?

    Hace algún tiempo encontré una pequeña joya cinematográfica, una versión animada del cuento.

    Para disfrutarlo hace falta adaptarse un poco a las circunstancias; entender (por ejemplo) que se trata ya de un clásico animado de “ayer y hoy” (fue realizado en 1953), pero que capta sin embargo, con mucha precisión, esa atmósfera insana que rodea al personaje.

    Releyendo la historia; invirtiendo un poco los papeles, uno podría darle un mayor protagonismo al “convidado de piedra” del cuento: El ojo.

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    “Tell-Tale Heart” – Andrew Mar©

    ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones!

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    “Tell-Tale Heart” – Andrew Mar©

    ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones!

    Recuerdo particularmente la primer escena de Un perro andaluz. Un recordatorio siniestro que nos devuelve otra vez a la idea de “mirar el abismo”.

    Para sumergir al espectador en un estado que permitiese la libre asociación de ideas era necesario producirle un choque traumático en el mismo comienzo del filme; por eso lo empezamos con el plano del ojo seccionado, muy eficaz.

    Luis Buñuel

    No se trata aquí de forzar asociaciones imposibles o buscar vínculos artificiales entre el cuento y el corto. Me parece mucho más interesante pensar el asunto del ojo, eso que ve y que muestra; ese sustento de la mirada. Me gusta imaginar, por ejemplo, las razones que habrá tenido Poe para escoger ese órgano particular como detonante de la locura.

    Supongo que detrás de todo hay un símbolo significativo: El ojo como puerta; hay un adentro y un afuera, y es sabido que todas las puertas tienen la función de guardar y proteger lo que hay adentro. Sin embargo, no deja de ser atractiva la idea contraria, que tal vez lo que hay afuera es lo que necesita ser protegido…

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    Ridley Scott, Luis Buñuel y Poe no tienen muchas cosas en común (prácticamente nada), sin embargo, Blade Runner es otra de esas producciones que lo inquietan a uno por el carácter simbólico que se le da al tratamiento del ojo como personaje constante a lo largo de la película.

    Nuevamente (vale la aclaración) no se trata aquí de forzar asociaciones, sino más bien de explorar las posibilidades expresivas de cada uno de los elementos.

    En Blade Runner (continuando) la secuencia inicial es el primer plano de un ojo. La película sigue y también el papel simbólico del ojo.

    Todos esos momentos se perderán en el tiempo… Como lágrimas en la lluvia.

    blade-runner-famous-quotes-from-roy-batty-tears-in-rain-ridley-scott-scifi-movies-classic,medium.1552623073.jpg (339×479)
    Imagen vía “etsy.com”
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    Imagen vía “etsy.com”

    Todos esos momentos se perderán en el tiempo… Como lágrimas en la lluvia.

    La pregunta fundamental de toda la trama parece ser la búsqueda de eso que hace diferente a los hombres-máquina (replicantes) y a los hombres de carne y hueso. Los hombres-máquina quieren soñar (vale recordar que la película está inspirada en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), los androides quieren ser como sus creadores; pero no pueden soñar, y tampoco pueden recordar. No tienen nada en ellos que los haga realmente humanos salvo la obsesión de serlo.

    Parece que buscan encontrar el umbral y quedarse del otro lado, ahí donde sus ojos artificiales puedan guardar lo único que realmente desean: humanidad.

    Y vuelve y juega la idea de puerta. El ojo que marca la frontera entre lo humano y lo artificial.

    Sin embargo, lo triste para estos androides (ya no hombres, sino niños-máquina) es que en realidad no saben lo que se oculta detrás de los ojos humanos. Poe lo sabía de sobra…

    Mira el corto:



    #creemosenelasombro

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  • MICHAEL ENDE – UNA LITERATURA TRANSVERSAL

    MICHAEL ENDE – UNA LITERATURA TRANSVERSAL

    Michael Ende – Jugar a la literatura

    Con el tiempo un lector va aprendiendo, se va dando cuenta de cosas que alguna vez supo pero que, extrañamente, fue olvidando. Es cierto, las raíces del tiempo descansan en el olvido. Pero es verdad también que el recuerdo es posible, y que el recuerdo (ese “volver a pasar por el corazón”) es otra forma misteriosa de mantenerse en juego con la vida.

    La literatura infantil y juvenil son tal vez, para todo lector, el inicio; la piedra fundacional de su vocación más profunda

    Recuerdo con particular cariño los Cuentos de los hermanos Grimm, por ejemplo. El signo que desencadenó una vida y una pasión que sólo va a encontrar un fin cuando el tiempo y el olvido hagan en mi sus estragos de rutina. Definitivos y mortales.

    Revisitar la literatura de los primeros años tiene efectos y consecuencias importantes. Hay detalles que la experiencia de un niño o de un adolescente pasan por alto. Sólo viene uno a darse cuenta de esas cosas mucho más tarde, cuando las perspectivas son otras y los campos conceptuales y de referencia han cambiado sustancialmente.

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    Michael Ende Neverending story The mirror in the mirror fantasy literature surreal paintings oil on canvas by Edgar Ende
    «Die Begegnung» – Edgar Ende©

    Perdóname, no puedo hablar más alto. No sé cuándo me oirás, tú, a quien me dirijo. ¿Y acaso me oirás?

    Michael Ende Neverending story The mirror in the mirror fantasy literature surreal paintings oil on canvas by Edgar Ende
    «Die Begegnung» – Edgar Ende©

    Perdóname, no puedo hablar más alto. No sé cuándo me oirás, tú, a quien me dirijo. ¿Y acaso me oirás?

    Laberinto y transversalidad

    Me ha sucedido con Michael Ende, por ejemplo. Y supongo que esa relación de cambio se manifiesta plenamente entre el señor Koreander y Bastián Baltasar Bux, dos de los protagonistas de La historia interminable.

    Ya fui Bastián (la lectura inocente) y ahora, con unos cuantos años de más, me sienta bien el papel del señor Koreander. El adulto que ya ha visto mucho y que a veces parece que ha vivido ya de sobra. ¿Quién no va a vivir de más inmerso en los libros? Nosotros, lectores de otras vidas; nosotros, los múltiples.

    Pero no es La historia interminable el relato que nos llama la atención esta vez. Se trata aquí de una faceta un poco más oscura (la madurez descuadra la luz de los primeros años; la curte, por así decirlo) de Michael Ende.

    El espejo en el espejo es la literatura transversal de la que hablamos. No se trata aquí de una simple recopilación de cuentos cortos. Una antología para jovencitos. Y no es en vano tampoco el adjetivo transversal. Desde el inicio, uno se siente interpelado. Ya hace parte de la historia desde las primeras líneas.

    Y vagamente recuerda uno al Asterión de Borges, o al minotauro de Los reyes (de Cortázar). Kafka también predispuso la figura del animal-hombre atormentado por una construcción irregular e interminable en el relato La madriguera (en español ha sido traducido igualmente como La construcción, La guarida o La obra).

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    Me dirijo a ti, al que me sueña, quien quiera que seas. Sé que no puedo hacer nada contra ti, tú eres el más fuerte. Llévame a donde quieras, pero ten presente que a mí ya no me engañas.

    Michael Ende Neverending story The mirror in the mirror fantasy literature surreal paintings oil on canvas by Edgar Ende
    «Genius Loci» – Edgar Ende©
    Michael Ende Neverending story The mirror in the mirror fantasy literature surreal paintings oil on canvas by Edgar Ende
    «Genius Loci» – Edgar Ende©

    Me dirijo a ti, al que me sueña, quien quiera que seas. Sé que no puedo hacer nada contra ti, tú eres el más fuerte. Llévame a donde quieras, pero ten presente que a mí ya no me engañas.

    Los sueños y la fantasía

    Así, la función de todo laberinto es la pérdida, la confusión de todas las direcciones. También pierde uno su identidad. Algo que se recuerda vagamente de otros momentos. El espejo en el espejo (ya su mismo título predispone el laberinto) es una construcción mucho más compleja; muchísimo más difícil. El laberinto aquí no es un algo. No es un edificio de piedras, aljibes que se llenaron de arena o encrucijadas. El espejo en el espejo es un laberinto de sueños.

    ¿Quién era uno antes de despertar? o la vieja pregunta (la hermosa pregunta) ¿soñamos o somos soñados?Lo que va de un lado a otro, de una dirección a otra. Lo que no tiene norte fijo y puede ser, en suma, todas las cosas o ninguna. Literatura en la que nos desplazamos o somos desplazados de nuestro centro. Literatura que nos invita al juego de ser otros.

    El espejo en el espejo es un juego donde lo que se pierde es lo que sobra de uno, el equipaje de más con el que uno se va cargando inútilmente. Perderse en este laberinto es ya en sí mismo una liberación. No somos (la cita original dice pensamos) sino hacia el medio; en ese punto en el que ya no somos lo que éramos, pero tampoco estamos siendo lo que seremos (como decía Deleuze).

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    Michael Ende Neverending story The mirror in the mirror fantasy literature surreal paintings oil on canvas by Edgar Ende
    «Die Rindertürme» – Edgar Ende©

    ¿Pero quién es: yo-Hor? ¿Soy sólo uno? ¿O soy dos y tengo las experiencias de aquel segundo? ¿Soy muchos?

    Michael Ende Neverending story The mirror in the mirror fantasy literature surreal paintings oil on canvas by Edgar Ende
    «Die Rindertürme» – Edgar Ende©

    ¿Pero quién es: yo-Hor? ¿Soy sólo uno? ¿O soy dos y tengo las experiencias de aquel segundo? ¿Soy muchos?

    Jugar: una de esas cosas que uno va olvidando con el paso de los años. Jugar a ser otro y olvidar por un momento que uno le toca ser uno (el amargado, el insufrible, el acosado de la cotidiano).

    Jugar a enamorarse de un texto por sus ilustraciones. Otra de esas cosas que todo lector maduro va olvidando.

    Y es que El espejo en el espejo viene acompañado además por unos cuadros hermosos e inquietantes (producto de la imaginación y el pincel del padre del autor, Edgar Ende) que de alguna manera referencian un mundo inalcanzable para nosotros, aunque siempre deseado.

    Mira las imágenes AQUÍ

    #creemosenelasombro

    Vale el regocijo acercarse a estos relatos. Decirse adiós por un rato y redimensionar (una vez más) nuestras empolvadas nociones del juego. Visitar de nuevo, ya con otros ojos, eso que alguna vez entendimos como literatura fantástica. Esos relatos para “jovencitos”.

    Autor: @Un_Tal_Cioran

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